Casi todos los párrafos presentados a continuación pertenecen al libro: El camino a Cristo, escrito por Elena de White, profeta y pionera de la iglesia adventista del séptimo día.
A menudo los seguidores de la autora, defienden sus ideas recomendando la lectura de todo el libro en cuestión, o varios de ellos a fin de terminar de entender su doctrina. Sin embargo, haciendo esa tarea, también se evidencian ideas que contienen un doble significado.
Rendirse a sí mismo
“La guerra contra nosotros mismos es la batalla más grande que jamás hayamos tenido. El rendirse a sí mismo, entregando todo a la voluntad de Dios, requiere una lucha; mas para que el alma sea renovada en santidad, debe someterse antes a Dios”. (El camino a Cristo, pág. 38)
Este mensaje está dirigido a los no consagrados, es decir a personas que están empezando a asistir a la iglesia de la autora y que necesitan fuerza y determinación para consagrarse. “La batalla más grande”, aunque parece un mal presagio, puede que esté destinada a darles aliento.
El siguiente párrafo amplía el concepto:
“¿Y qué abandonamos cuando damos todo? Un corazón corrompido para que Jesús lo purifique, para que lo limpie con su propia sangre y para que lo salve con su incomparable amor. ¡Y sin embargo, los hombres hallan difícil dejarlo todo! Me avergüenzo de oírlo decir y de escribirlo”. (El camino a Cristo Pág. 41)
Solo unas páginas atrás, había dicho: “la guerra más grande”, ahora se escandaliza porque algunos la consideran difícil. Sin embargo, podría haber una explicación, seguramente quiso decir que lo grandioso del resultado, justificaba también lo difícil de la “batalla”.
El siguiente párrafo aclara un poco la situación:
“¿Creéis que es un sacrificio demasiado grande dar todo a Cristo? Haceos a vosotros mismos la pregunta: "¿Qué ha dado Cristo por mí?” El Hijo de Dios dio todo para nuestra redención: la vida, el amor y los sufrimientos. ¿Y es posible que nosotros, seres indignos de tan grande amor, rehusemos entregarle nuestro corazón?” (El camino a Cristo Pág. 40)
Entonces, con sólo un brevísimo análisis de lo hecho por Cristo, deberíamos quedar convencidos que no es un “un sacrificio demasiado grande”, sino que solo habrá que “entregarle el corazón”.
Pareciera que cuanto más se razona, más fácil resulta todo, ya ni siquiera parece ser más “la guerra más grande que hayamos tenido”, como señaló antes.
Sin embargo, esto también habrá que interpretarse, lo que está diciendo ahora, es que no se dejaba convencer por cualquier excusa sin razón que presentan algunos. Si van a presentar razones, que sean valederas, no excusas infantiles dichas por adultos.
Pero hay otro mensaje más que se concluye siguiendo el mismo razonamiento. Primero pidió comparar nuestro sacrificio con el de Cristo, quien nos ha dado “la vida, el amor y los sufrimientos”.
Eso quiere decir que los sacrificios no son muy diferentes, ni siquiera hace falta aceptar ningún sacrificio para tener que pasar por todo eso.
También dijo que la batalla no debía ser considerada difícil si se tiene en cuenta lo grandioso del resultado. Con eso también se deduce que: el “sacrificio” de Cristo, no era para tanto y que posiblemente la autora también se avergonzaba de oírlo decir y de escribirlo.
Pero claro, eso también tiene una explicación, la razón por la cual la autora hace esa comparación entre los dos sacrificios, fue porque creía en la preexistencia de Cristo antes de su nacimiento.
“En él no había pecado alguno y, lo que es más, era el Príncipe del cielo”. (El camino a Cristo Pág. 41)
El razonamiento de la autora es sencillo, cuanto más grande era la gloria que tuvo que dejar y cuanto más miserable era el mundo al que tuvo que venir, mayor era el sacrificio y mayor la humillación.
“Cristo, el Comandante de las cortes celestiales, estaba acostumbrado a recibir la asistencia y adoración de los ángeles”. (Alza tus ojos, pág. 37)
Entonces, en el cielo era un príncipe y lo tenía todo, a eso se refería cuando dijo que tuvo que dar mucho cuando vino al mundo.
El príncipe del cielo
“Muchos corazones orgullosos preguntan: "¿Por qué necesitamos arrepentirnos y humillarnos antes de poder tener la seguridad de que somos aceptados por Dios?" Mirad a Cristo. En él no había pecado alguno y, lo que es más, era el Príncipe del cielo”. (El camino a Cristo Pág. 41)
Entonces, ante la pregunta: ¿por qué necesitamos arrepentirnos? La autora estaba tan segura que la comparación era válida, que ni siquiera contesta esa pregunta, da por sobreentendida la respuesta. Hay que mirar a Cristo, quien era inocente y un príncipe, seguramente por eso nosotros también tenemos que humillarnos, como Él lo hizo.
Mejor hubiera dicho que el orgullo impide conocer a Cristo y el pecado impide pertenecer al reino de Dios. Debería haberles contestado bien, si le preguntaron bien. En otros escritos, dice.
“Dios trazó un plan y Cristo aceptó el encargo”. (Alza tus ojos, pág. 46)
De ser así como dice, el sacrificio que tiene que hacer el ser humano es distinto, porque Cristo sabía lo que estaba aceptando.
Supongamos entonces que pudiéramos mostrarle a alguien el paraíso, el cielo donde estarán los redimidos, para que no necesite tener fe. ¿Seguiría sin querer hacer el esfuerzo?
Perderse de algo bueno sólo por no querer esforzarse, eso sí podría ser vergonzoso. Con eso, también está insinuando que si Cristo hubiera optado por no sacrificarse, habría sido vergonzoso.
Sin embargo, contrariamente a los que creía la autora, cuando el ser humano no acepta a Cristo, es porque no cree, o porque no sabe. No porque no quiera hacer el sacrificio.
En vez de vergüenza, la autora podría haber sentido otra cosa, como pena, tristeza, lo que sea. ¿Tuvo que decir vergüenza?
Han elegido seguir a Cristo
“Ojalá que todos
aquellos que no han elegido seguir a Cristo pudieran
comprender
que él tiene algo muchísimo mejor que ofrecerles que lo que están
buscando por sí mismos”. (El camino
a Cristo, pág. 41)
Entonces, ahora parece que la autora también está de acuerdo con la idea anterior. Hasta hace un rato podía razonarse, pero ahora dice que no pueden comprender. Hasta parece lamentarse por eso, cuando antes le daba vergüenza.
Lo que está costando un poquito de entender, es cómo hicieron los otros, los que “eligieron”, algo que no conocían. No se puede elegir cuando no se conocen las opciones.
También dice:
¿Es posible que veamos a Aquel a quien traspasaron nuestros pecados y continuemos, sin embargo, menospreciando todo su amor y su sacrificio?” (El camino a Cristo, pág. 40)
Es posible que veamos, pregunta. Si hasta pareciera que, con cierta ironía estuviera justificando a los incrédulos, porque tienen razones valederas para continuar menospreciando: no están viendo nada.
Más que pregunta, suena a sugerencia, ¿será que no podríamos ver algo? tal vez así no continuarían menospreciando-.
“Viendo la humillación infinita del Señor de gloria, ¿murmuraremos porque no podemos entrar en la vida sino a costa de conflictos y humillación propia?” (El camino a Cristo, pág. 40)
Viendo la humillación, dice la autora delante de los incrédulos. A más de uno le habrá dado ganas de contestarle: conflictos y humillación propia, es justamente lo que estamos viendo. En cambio a esa humillación infinita del Señor de gloria, no.
Es curioso que haya dicho “no podemos entrar en la vida”, pareciera que ya no usa la ironía sino que lo dice de frente: no hace falta aceptar ningún sacrificio para tener que padecer la humillación y los conflictos propios de la vida misma.
Viendo la humillación ¿murmuraremos? Pareciera que le estuviera haciendo esa pregunta directamente a Cristo: ¿será que si la gente pudiera ver algo, continuará menospreciando?
O tal vez era como un reclamo a Cristo que pareciera no estar viendo cuál el resultado del sacrificio. Acá solo hay conflictos y humillación.
De a poco se va entendiendo que todo esto, en realidad era un reproche al mismo Cristo, por hacerse pasar por el salvador sacrificado, siendo que el verdadero sacrificio es el nuestro.
Dejando a un lado su gloria
La autora solía reafirmar la idea del gran sacrificio, relatando lo grandiosa que era su vida previa. En otros escritos, dice:
“Ocultando su divinidad y dejando a un lado su gloria, nació como un niño de Belén” (Alza tus ojos, pág. 88)
“En el cielo, Satanás había odiado a Cristo por la posición que ocupara en las cortes de Dios. Le odió aún más cuando se vio destronado”. (El deseado de todas las gentes, pág. 32)
Cabe aclarar que cuando dice: “nació como un niño”, no era un dato superfluo, seguía haciendo referencia a que en el cielo era un príncipe.
De seguro toda esa información la habrá sacado de las visiones que decía tener, ya que en la biblia nada dice acerca de cómo era esa vida y mucho menos los detalles de todo eso.
“Dios permitió que su Hijo amado, lleno de gracia y de verdad, viniese de un mundo de indescriptible gloria, a un mundo corrompido y manchado por el pecado, oscurecido con la sombra de la muerte y la maldición. Permitió que dejase el seno de su amor, la adoración de los ángeles, para sufrir vergüenza, insulto, humillación, odio y muerte”. (El camino a Cristo Pág. 9)
A los que no están dispuestos a sacrificarse, la autora aconsejó hacerse una pregunta: ¿Qué ha dado Cristo por mí? Pero una persona que aún no se ha entregado a Cristo no lo conoce. ¿Cómo contestará esa pregunta?
¿Cómo podría el ciego al que Cristo le devolvió la vista, decir lo que ha hecho por él, antes de devolverle la vista? La misma autora dice que Cristo renueva el corazón, entonces no puede saber lo que Cristo hizo por él, si aún no le ha renovado.
Entonces, ante la pregunta ¿qué ha hecho Cristo por mí? No faltará alguno que podría haber contestado:
-Si lo que hizo fue venir a sufrir y a padecer por nosotros todo eso que ahí dice, entonces no logró demasiado, dejó todo como estaba-.
Curiosamente, la autora contestó más o menos lo mismo:
-vino a sufrir vergüenza, insulto, humillación, odio y muerte-.
Con eso sólo está describiendo con detalles lo que tiene que padecer el ser humano. Sólo faltó que dijera: ¡ay pobrecito, no te sacrifiques demasiado!
Elogios, reproches y culpas
Esos “hombres que hallan difícil dejarlo todo”, son solo personajes ficticios, muy utilizados por la autora para expresar sus ideas. En ocasiones, son alentados y se les llena de esperanzas, todo depende del mensaje que quería transmitir.
En este caso, reprocha a los que ponen excusas, para que sus lectores se sientan elogiados, porque seguramente no creen ser como ellos.
Es posible que ni siquiera se haya encontrado con personas así, la gente no suele decir que todo es difícil. Algunos sí, pero es porque no quieren decir tan crudamente que no creen, para no ofender al que vino a predicarles. Por eso dicen: no, es demasiado sacrificio.
O incluso hasta puede ser que sea una burla disimulada, -es demasiado difícil dejarlo todo-. En realidad le está diciendo eso al que predica, que la hizo demasiado fácil. Hasta hace un tiempo era un delincuente, un corrupto que hizo más daño de lo que se pueda reparar, y ahora dice haberse entregado al señor. Para colmo viene a predicarle.
O incluso: -es muy difícil dejarlo todo-, puede que signifique: -se ve que es muy difícil-. Insinuando así que los miembros de esa iglesia, dicen, pero en realidad no dejan nada.
Sin embargo, algunos le creen a la autora, por eso aceptan pelear esa batalla, eludiendo así el reproche que significa haberla avergonzado.
Por eso, ante cualquier razón presentada por alguien que no está de acuerdo con esa doctrina, piensan: eso es porque no quieren hacer el esfuerzo.
El cuento del elefante que no tironea más de la cadena, que suelen contar muy seguido, es indicio de eso. -No cree que lo vaya a lograr-, dicen jactándose de que ellos sí pudieron.
Cuando en realidad, ellos son como el elefante, no tironean más de la cadena, porque ese es el “sacrificio” que creen estar haciendo.
En otras palabras, cuando la autora reprocha y mete culpa a los que no hacen el esfuerzo, en realidad está usando la culpa para manipular a su gente. Culpa que sentirían si no aceptaran hacer el sacrificio. Así es la culpa, transferible y funciona por adelantado.
Sin embargo, otros no caerán en esas trampas metedoras de culpas. Por eso se alejarán de una iglesia como esa, y probablemente de cualquier iglesia cristiana, por no poder aceptar ninguna forma de manipulación ni persuasión.
Si Dios no hubiese intervenido
(El ser humano) “Fue hecho cautivo por Satanás, y hubiera permanecido así para siempre si Dios no hubiese intervenido de una manera especial”. (El camino a Cristo Pág. 13)
Antes había dicho: “Cristo aceptó el encargo”, después dijo: “permitió que viniese”, ahora dice que Dios pudo no haber intervenido. Eso significa que ninguno de los dos tenía la obligación de hacerlo.
Pero eso no tiene sustento bíblico, es otra idea más de la autora. Según la biblia, Dios dio a su hijo por amor al mundo. También según la biblia, Dios no puede dejar de amar a la humanidad. Por lo tanto, no pudo no haber intervenido.
Antes había dicho:
“Dios permitió que su Hijo amado, lleno de gracia y de verdad, viniese de un mundo de indescriptible gloria, a un mundo corrompido y manchado por el pecado”. (El camino a Cristo Pág. 9)
¡Tuvo que venir al mundo! dice. Si hasta pareciera que el mundo le daba nauseas a Cristo.
Ni siquiera Satanás pareciera haber razonado mucho cuando le ofreció a Cristo la gloria del mundo. Es fácil imaginarnos a Cristo contestándole: ¿Cuál gloria? Acá sólo hay sufrimiento. Ese rechazo en realidad más que un sacrificio fue, total desinterés.
Tal vez pensó que Cristo estaba tan acostumbrado a la gloria, que le sería difícil rechazarla.
Después del sacrificio, Cristo volvió a la gloria, a ese lugar que la autora muy oportunamente ya no lo denomina “cielo”, sino “mundo”. ¿A quién se le ocurre llamar “mundo” al cielo?, sólo a alguien que necesita hacer esa comparación.
El “mundo” de gloria es el lugar donde Cristo está ahora.
El “mundo” corrompido y manchado es el que nos ha tocado a nosotros.
Aunque no parezca, a esto también hay que interpretarlo: a los efectos de poder comparar los dos “mundos” allí mencionados, se necesita poner distancia entre la humanidad y el cielo.
La separación no está dicha, pero está presente en la descripción detallada que hace. Cuanto más diferentes son, más distancia. Hacer creer en la separación entre Dios y el ser humano, es el logro más esperado por Satanás.
La autora había dicho también, que si el cielo no hacía nada al respecto, la humanidad habría permanecido así para siempre.
“Fue hecho cautivo por Satanás, y hubiera permanecido así para siempre”
Si tanto el cielo como el mundo tienen la capacidad de existir eternamente sin que el ser humano tenga comunión con Dios, quiere decir que esa separación es posible.
Entonces, mientras la autora habla de lo mucho que Cristo tuvo que sacrificarse, por debajo de la mesa, se va pasando la idea de que la separación entre Dios y la humanidad es aceptable, incluso para Dios.
El sacrificio asombroso
“Siglo tras siglo ha subido de nuestra tierra un continuo lamento de aflicción, y la creación aun gime bajo la fatiga terrible del dolor como consecuencia de la desobediencia de la humanidad. El cielo mismo ha sentido los efectos de la rebelión de la humanidad contra Dios. El Calvario está delante de nosotros como un recuerdo del sacrificio asombroso que se requirió para expiar la transgresión de la ley divina. No consideremos el pecado como cosa trivial”. (El camino a Cristo Pág. 29)
Esto confirma lo que insinuó antes, no fue por amor. Ahora confiesa que lo hizo para arreglar el desastre que nosotros hicimos acá, que fue tan grande que ellos allá sufrían las consecuencias y había que solucionar esa situación, a ver si de esa manera la creación dejaba de gemir tanto.
El calvario, según este párrafo, ya no parece un símbolo de amor y esperanza, sino que es como una especie de reproche constante que no debe apartarse de nosotros.
Es como si Dios nos pusiera al Cristo crucificado delante de nuestros ojos y dijera: -miren, miren lo que hubo que hacer para arreglar tanta desobediencia-.
Los ángeles santos
“Satanás es un engañador. Cuando pecó en el cielo, ni siquiera los ángeles leales alcanzaron a discernir plenamente su carácter. Esta es la razón por la cual Dios no lo destruyó de inmediato. Si lo hubiera hecho, los ángeles santos no habrían comprendido la justicia y el amor de Dios. Una duda acerca de la bondad de Dios habría sido como semilla del mal que habría producido el amargo fruto del pecado y la miseria”. (Alza tus ojos. pág. 75)
Antes dijo que el cielo sufría las consecuencias, pues ahora está diciendo lo contrario. La autora quería que razonen, pues está claro que la humanidad es la que ha sufrido las consecuencias del pecado que hubo en el cielo.
Aunque ni siquiera hace falta el razonamiento, lo dice abiertamente:
“los pensamientos que (Satanás) había estado albergando se manifestaron después de un tiempo en sugerencias para el mal, y éstas, difundiéndose entre los ángeles, condujeron a la gran rebelión que fue el comienzo de toda desgracia y miseria que han caído sobre la humanidad”. (Alza tus ojos, pág. 112)
Ni siquiera les culpa a los ángeles de todo nuestro padecimiento, sino a Dios, por no eliminar a tiempo a Satanás a beneficio de esos mismos ángeles incompetentes, temerosos e ignorantes a los que llamó: leales.
Por eso no eliminó a Satanás de inmediato, dice, otra vez insinuando que pudo hacerlo. Claro está que si lo eliminaba, el mal quedaría para siempre porque la semilla ya estaba plantada. Es decir, no lo eliminó de inmediato, porque ya era tarde.
“Una duda acerca de la bondad de Dios habría sido como semilla del mal que habría producido el amargo fruto del pecado y la miseria”.
Con eso también quiere decir que el pecado existiría igual sin Satanás. O peor, existiría para siempre, porque la “semilla del mal”, no era otra cosa que la duda de los ángeles. Por eso Dios solucionó ese problema, dejándolo vivir.
El interrogante que surge es ¿qué habría pasado si lo eliminaba antes, cuando la semilla todavía no estaba plantada? La autora no explica esa parte, sin embargo dice:
“Siglo tras siglo ha subido de nuestra tierra un continuo lamento de aflicción. No consideremos al pecado como cosa trivial”
Está claro que el cielo consideró trivial al pecado. Además, lo dice en el mismo párrafo donde menciona la aflicción y el lamento que llegan hasta allá. Eso como si hubiera dicho: saben lo que estamos padeciendo y hasta eso consideran trivial.
Antes había dicho:
“En el cielo, Satanás había odiado a Cristo por la posición que ocupara en las cortes de Dios. Le odió aún más cuando se vio destronado”.
Solo hay que imaginarse lo que le debe haber odiado después, cuando vino al mundo, era obvio que se desquitaría con nosotros.
Aun así, a la autora le pareció oportuno decir: No consideremos al pecado como cosa trivial. Y claro, a esta altura ya estarán todos más o menos de acuerdo.
También dijo:
“Cristo, el Comandante de las cortes celestiales, estaba acostumbrado a recibir la asistencia y adoración de los ángeles”.
Qué lástima que no explica a qué se habrá acostumbrado ahora, porque ya vimos que mientas algunos ángeles le asistían y adoraban, los otros planificaban y albergaban todo tipo de ideas sin que nadie hiciera nada para impedirlo.
Tal vez aprendió que una de las tareas del comandante también es velar por la integridad de su gente y por la eficacia del trabajo en equipo. O sea que habrá tenido que hacer un cambio de costumbres.
“Esta es la razón por la cual Dios no lo destruyó de inmediato”
Con haber dicho: no lo destruyó, ya alcanzaba. ¿Tuvo que decir: “de inmediato”? Mejor hubiera dicho: nunca lo destruyó.
La autora no explicó por qué no destruyó a Satanás después, pero debe ser porque está acá y allá ya no molesta. O no molestaba, podríamos decir, hasta que empezaron a sentir los efectos y por eso fue necesario todo eso del “sacrificio” por la humanidad.
“la creación aun gime bajo la fatiga terrible del dolor como consecuencia de la desobediencia del hombre”
Con eso en realidad está diciendo: -el ser humano aún sufre como consecuencia del temor y la ignorancia que había en el cielo-.
“El cielo mismo ha sentido los efectos de la rebelión del hombre contra Dios”
Todos los males fueron enviados para acá como consecuencia de la rebelión del cielo, pero allá “han sentido los efectos”. O sea, se sigue burlando.
Ahora se entiende porqué tergiversa la enseñanza bíblica, en vez de decir que Dios dio a su hijo por amor al mundo, dijo:
“Permitió que dejase el seno de su amor, la adoración de los ángeles, para sufrir vergüenza, insulto, humillación, odio y muerte”
Nótese que dice: “permitió” y luego dice: “vergüenza, insulto, humillación, odio y muerte”.
Claramente está diciendo que nosotros acá somos los que tenemos que sufrir todo eso y Dios lo permite, pudiendo evitarlo. Si pudo no permitir la venida de Cristo, también podría no permitir el sufrimiento, pero no, lo permite todo.
“El hombre fue hecho cautivo por Satanás, y hubiera permanecido así para siempre si Dios no hubiese intervenido de una manera especial”.
Luego de mencionar que en el mundo hay sufrimiento, humillación odio y muerte, la autora sarcásticamente dice: “si Dios no hubiese intervenido”. Sólo faltó que dijera: -¡oh, que intervención más efectiva!-
¿Qué tanto peor le habría ido a la humanidad si Dios no intervenía? Otra vez, burlándose, dice:
“hubiera permanecido así para siempre”
El ser humano no vive para siempre, menos aun si está en pecado y sin la intervención de Dios.
Antes pidió que usaran el razonamiento, pero alguien que no cree no se preocupa por el destino del mundo después de su propia muerte. De hecho, ni siquiera cree que haya vida después de la muerte, -después no hay otra-, suelen decir.
Entonces, está claro que ese párrafo se estaba refiriendo a Cristo. Él era el que estaba en la gloria y “hubiera permanecido así para siempre” de no ser por esa interrupción que hizo para venir a “sacrificarse”.
En cambio nosotros acá, tenemos que sufrir de lo mismo, sin posibilidad de evitarlo.
Cristo tuvo que dejar la gloria, dice. Cuando en realidad, la estaba tratando de conservar, porque después confesó que esa gloria ya estaba en decadencia. Había que arreglarla antes que dañe todo el cielo y su gran sacrificio se convierta en uno cualquiera.
Todo este análisis es resultado del razonamiento y la comparación. Es lo que la autora pidió que se haga.
Los adventistas también dicen que para entender lo que la autora enseña, hay que analizar todo el contexto, o incluso compararlos con otros de sus escritos.
Seguramente así lo hacen y también terminan razonando como la autora lo hacía.
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