Los siguiente párrafos pertenecen al libro: El camino a Cristo, escrito por Elena de White, profeta de la iglesia adventista del séptimo día.
La autora enseña cómo alcanzar sabiduría con el estudio de la palabra. Asegura que la verdad de Dios, en la biblia está tan clara como luz del mediodía.
Cómo alcanzar sabiduría con el estudio de la biblia
“Dios nos habla también en su Palabra. En ella tenemos en líneas más claras la revelación de su carácter, de su trato con los hombres y de la gran obra de la redención”. (pág. 77)
En todos sus escritos, la autora siempre manifiesta dos ideas acerca del estudio de la biblia: la claridad de sus enseñanzas y las muchas maneras en que las personas la pervierten. Por ejemplo, en el siguiente:
“Las grandes verdades necesarias para la salvación están presentadas con tanta claridad como la luz del mediodía; y nadie equivocará o perderá el camino, salvo los que sigan su juicio privado en vez de la voluntad divina tan claramente revelada”. (pág. 79)
De ser eso verdad, significa que todas las congregaciones cristianas que tienen ideas diferentes a la doctrina de la autora, no se han esforzado siquiera en leer la biblia para basar su doctrina, o para cuestionarla.
Aunque también puede ser que siguieran un juicio privado y por eso no han recibido esa revelación que ahí menciona.
Eso significa que todos los que han seguido un juicio privado, se congregan en una misma iglesia, donde hay personas que también hicieron el mismo juicio. O donde hay otros que tampoco leen la biblia.
Los que realizaron otro juicio privado, están en otra iglesia, y así un juicio privado por cada congregación.
Una idea tan absurda como esa, para lo único que sirve es para negar por adelantado la posible validez de cualquier otra interpretación distinta a la suya. Como si fuera que esas otras iglesias no pudieran hacer lo mismo.
En otros escritos, repite más o menos la misma idea:
“Los hombres de saber humilde, que no poseen sino capacidades y oportunidades limitadas para llegar a ser versados en las Escrituras, encuentran en los oráculos vivientes consuelo, dirección y consejo, y el plan de salvación les es tan claro como un rayo de sol. Nadie necesita perderse por falta de conocimiento, a menos que cierre los ojos voluntariamente” (Tomos selectos T1, pág. 22)
Entonces, todos los que tienen una doctrina cristiana falsa, no leen la biblia, o voluntariamente la malinterpretan. Practican una doctrina y van a una iglesia falsa toda la vida, fingiendo que no es así.
Como siempre, el engaño no existe en los escritos de la autora, pero con lo que dice ese párrafo, pareciera que también se burlaba de las cosas de Dios. Ya no es Cristo el que le devuelve la vista a los ciegos, sino su propia voluntad.
Entonces, todos esos que no ven la verdad en la biblia, si tan solo pusieran voluntad para ver, por más limitadas que sean sus capacidades, ya lo pueden hacer.
Hay que tener realmente muchas ganas de tener razón para creer en algo así.
“Un pasaje estudiado hasta que su significado nos parezca claro y evidentes sus relaciones con el plan de la salvación, es de mucho más valor que la lectura de muchos capítulos”. (pág. 80)
Hasta que nos parezca claro, en realidad quiere decir: hasta que su significado coincida claramente con lo que le dijeron en la iglesia. Eso ni siquiera es original, es más o menos lo que hacen casi todas las otras congregaciones religiosas.
Al menos debería haber aprovechado para mencionar en qué parte de la biblia está ese método de comparar un pasaje con el plan de salvación.
La mayoría de las personas suelen quedarse toda la vida en la misma iglesia en la que crecieron. También suelen afirmar que esa doctrina es la única verdadera. Cada vez que manifiestan alguna idea, lo hacen convencidos que han entendido todo con claridad. Suelen refutar las conclusiones de los otras congregaciones diciendo: -pero si está clarito, ¿que no ven?-.
Hay al menos una cosa que se podría decir sobre todo esto: en la biblia, nada está clarito. Eso, no puede ser más evidente.
No pueden ver esa falla tan evidente, pero están seguros de poder ver la biblia con toda claridad. Eso más que claridad, parece terquedad de los así lo creen.
“Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos”. (Santiago 1:22)
Pero no para la autora, que tenía sus propias ideas acerca del entendimiento y métodos de aprendizaje.
“Si se estudiara la Palabra de Dios como se debe, los hombres tendrían una grandeza de espíritu” (pág. 80)
La pregunta es ¿y cómo se debe? De existir un método correcto, debería estar en la biblia, solo así se podrá decir que está todo claro.
Puede ser que haya un método correcto, la autora tiene el suyo bastante bien explicado, pero no dice si lo sacó de la biblia. Deber ser porque no está.
“Grandeza de espíritu” dice también. Seguramente, se refiere a una grandeza comparada con la que se tenía antes del estudio. Con eso, también va implementado la grandeza espiritual, como si fuera que en la biblia dice que eso es algo digno de alcanzarse.
“Si se estudiara la Palabra de Dios como se debe”
La biblia dice que cuando Cristo enseñaba la palabra, había personas que no entendían.
“Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden”. (S. Mateo 13: 13)
Eso quiere decir que había quienes no entendían porque Cristo no les enseñaba como era debido.
Tal vez, si hubiera tenido la paciencia o perseverancia de quedarse más tiempo enseñándoles hasta que el significado quedara claro, como antes la autora dijo que debía hacerse, todos se habrían hecho sus seguidores.
“Aún al ir por la calle, podéis leer un pasaje y meditar en él hasta que se grabe en la mente” (pág. 80)
Cada uno tiene derecho a hacer lo que quiera, pero así distraídos no van a ver el entorno, por ahí es peligroso, podrían tener un accidente, van a caer en un pozo o algo. Se van a cruzar con alguien que necesita, donde por fin podrán hacer algo por Cristo, pero así ni se darán cuenta siquiera.
¿Por qué, ya que están en la calle meditando, no aprovechan para poner en práctica ese pasaje en vez de tratar de memorizarlo? El que pone en práctica la palabra no es ciego, ya no podrá no darse cuenta.
“El que perseverantemente escudriña la Palabra de Dios buscando sus tesoros ocultos, encontrará verdades” (pág. 81)
¿No será al revés, el que busca verdades, encontrará sus tesoros ocultos? Parece una refutación barata, pero no, porque encontrar en la biblia lo que se está buscando, es realmente fácil.
La biblia no dice que habrá que buscar tesoros ocultos para encontrar verdades, tampoco dice si es al revés. Sin embargo, muchos lo hacen así. Eso, combinado con -está todo clarito-, es una mezcla productora de creencias falsas.
Hasta los ateos pueden encontrar lo que para ellos serán tesoros. Por ejemplo, la razón para no creer en lo que millones de personas creen. Encontrar lo que muchos no pudieron encontrar, suena a tesoro.
Los que buscan y encuentran apoyo bíblico a la doctrina que profesan de nacimiento, también creen haber encontrado un tesoro. O peor, creerán que los otros no lo han buscado siquiera.
Los que buscan apoyo bíblico a sus propias ideas, también.
Los que toman las enseñanzas bíblicas en forma literal. Algunos incluso son selectivos con eso, algunas cosas las toman literalmente, otras las interpretan. Para eso siguen un solo criterio: encontrar ese tesoro.
Los que rechazan o incluso persiguen a los verdaderos cristianos, o a los judíos. No habrá nada que atesoren más, que la razón bíblica que justifique sus acciones.
Los que en otra época usaban algún párrafo bíblico para decir que gente de algunas razas eran malditos por Dios.
Los poseídos mentales que atribuyen sus locuras a mandatos divinos.
Los que comparan la vida de Cristo con la vida del Buda y la hallan semejantes.
Los que comparan al cristianismo con la astrología y hallan similitudes.
Los que creen que Cristo no fue un ser humano.
Los que buscan en la historia la explicación de la existencia de Cristo y la hallan.
Los que dicen que Cristo y los ángeles son seres extraterrestres.
Los que creen que Lucifer es, en realidad, un libertador.
Los que se creen espiritualmente superiores a los demás por creer que Dios está de su lado, etc.
Todos esos, concluyen que han buscado verdades y han encontrado tesoros, o al revés.
“concentremos nuestros pensamientos en Cristo” (pág. 79)
“meditar sobre la misión de aquel que vino a salvar a su pueblo” (pág. 79)
“el amor de Jesús, el sacrificio hecho en nuestro favor, demandan de nosotros la más seria y solemne reflexión”. (pág. 79)
A la autora le gustaba mucho contestar a todo con un “escrito está”. Pues bien:
“concentremos nuestros pensamientos en Cristo”. -Escrito no está-.
Esa seria y solemne reflexión que demanda, o esa meditación que pide, tampoco son requerimientos que están en la biblia.
“La inteligencia se desarrollará si se emplea en investigar la relación de los asuntos de la Biblia, comparando texto con texto y lo espiritual con lo espiritual”. (pág. 80)
Hay algo que hay que reconocerle a la autora, es la continuidad de esas declaraciones, ni por descuido dice algo que está en la biblia.
¿Seria y solemne reflexión? Ya que no dice de dónde sacó esas ideas, al menos debería haber explicado qué significa comparar lo espiritual con lo espiritual.
“No hay ninguna cosa mejor para fortalecer la inteligencia que el estudio de las Santas Escrituras” (pág. 80)
“De haber un escudriñamiento cuidadoso y una reflexión acompañada de oración. Y tal estudio será abundantemente recompensado”. (pág. 80)
Las otras doctrinas distintas a la de la autora, también suelen aconsejar un estudio cuidadoso acompañado de oración. De seguro también así lo hacen. ¿En dónde está la falla? No explica.
Fortalece la inteligencia, dice ¿Por qué, solo porque se le ocurrió? Tal vez porque suena bien decirlo, o porque a la gente le gusta escuchar algo así.
Hay algo que se puede decir al respecto: no fortalece la inteligencia. Total, eso tampoco está en la biblia y la autora tampoco fundamentó lo que dijo.
“No podemos obtener sabiduría sin una atención verdadera y un estudio con oración” (pág. 80)
“Nunca se debe estudiar la Biblia sin oración. Antes de abrir sus páginas debemos pedir la iluminación del Espíritu Santo, y ésta nos será dada” (pág. 81)
“No podemos obtener sabiduría”, dice. Mejor hubiera explicado por qué hay personas que estudian la biblia durante toda su vida, pero igual siguen practicando una doctrina que la misma autora considera errónea.
Tampoco les ha sido dada esa iluminación del Espíritu Santo que de seguro también la habrán solicitado. Saber por qué pasa eso, sería realmente útil para la humanidad y para todo el cristianismo. Tal vez la estudian sin esa atención verdadera.
Tanta insistencia en la perseverancia en el estudio, tantas promesas de buenos resultados, aunque parezca lo contrario, era para encubrir que no tenía apoyo bíblico de nada de lo que decía.
En otros escritos, dice lo siguiente:
“Otro error peligroso es el de la doctrina que niega la divinidad de Cristo, y asevera que él no existió antes de su venida a este mundo”.
“Esta teoría no puede ser sostenida sino violentando el sentido de las Sagradas Escrituras del modo más incalificable. No solo rebaja nuestro concepto de la obra de la redención, sino también socava la fe en la Biblia como revelación de Dios”. (El conflicto de los siglos, pág. 578, 579)
Lo que dice allí no deja margen para ambigüedades, ni interpretaciones, ni nada. Todo indica que ese tema también estaba bien claro para la autora.
Si bien cada uno tiene derecho a sostener su creencia, no hubiera estado nada mal que aprovechara para probar todo eso con la biblia.
No podía, por eso lo dice todo con tanta determinación, por eso califica y descalifica a otras creencias. Cuanto más insiste, más disimula.
Incalificable
Error peligroso
Teoría insostenible
Violenta las escrituras
Rebaja el concepto
Socava la fe
Faltó que diga defrauda y usurpa y ya podríamos armar el código penal bíblico.
Para los que le creen a la autora, encontrar en la biblia pruebas de la preexistencia de Cristo, definitivamente será un tesoro.
Sin embargo, otras doctrinas dicen que esos párrafos bíblicos que supuestamente prueban la preexistencia de Cristo, están mal interpretados, o se han tomado literalmente, a diferencia de otros.
Entonces, si es una cuestión de interpretación, no está tan clarito. Por lo menos podría admitir eso. Pero no, lo que dice la autora es casi una sentencia dicha por un juez.
-esa teoría socava la fe en la Biblia como revelación de Dios-
-rebaja nuestro concepto de la obra de la redención-
No, no socava ni rebaja. La de ella puede ser, pero no aportó alguna prueba o algo que apoye esa idea, no podrá, mucho menos con la biblia.
“Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca” (S. Mateo 7: 24)
Poner en práctica es el método bíblico. Nada va a socavar la fe de alguien que ha puesto en práctica las palabras de Cristo.
“Si tan sólo los hombres quisieran estudiar el Libro de Dios orando fervientemente por comprenderlo, no serían dejados en las tinieblas para recibir doctrinas falsas”. (El conflicto de los siglos, pág. 578)
De manera que hay que orar para comprender y el resultado será que no recibirá una doctrina falsa. Solo que lo haya dicho en broma, lo cual no parece, porque ni siquiera tiene gracia.
Pedirle pruebas, o incluso razones, cualesquiera sean para creer en eso, es mucho pedirle, muchos menos bíblicas.
Razones para creer que eso es mentira, hay muchas. Por ejemplo: todos los cristianos estudian la biblia con oración, pero tienen doctrinas distintas y denuncian a las otras como falsas, esa una prueba.
El interrogante es ¿los adventistas creen lo que dice ese párrafo? Tal vez no lo creen, pero no dicen nada porque esa doctrina asegura que manifestar dudas podría perjudicar a los demás.
Tal vez la autora creía que las personas de otras congregaciones no oraban pidiendo sabiduría. Qué tontería, mejor hubiera dicho que los ingenuos no van al cielo. Los mentirosos, tampoco. Los que creen cualquier cosa de alguien que dice saber, tampoco.
La biblia no está hecha para que la entienda cualquiera que se proponga estudiarla hasta lograrlo, por más oración ferviente que haga.
Entonces, supongamos que una persona de otra congregación decide estudiar la biblia con oración y pidiendo la iluminación del Espíritu Santo, una vez terminado el estudio, debería quedar convencida que la doctrina de la autora es definitivamente la correcta. O la autora miente.
“Si tenemos siempre presentes las acciones egoístas e injustas de otros, encontraremos que es imposible amarlos como Cristo nos ha amado; pero si nuestros pensamientos se espacian continuamente en el maravilloso amor y piedad de Cristo por nosotros, manifestaremos el mismo espíritu para con los demás”. (Pág. 108)
“como Cristo nos ha amado”
Debió haber dicho: ordenado. Todavía no conoce a Cristo, ni siquiera es su discípulo, por lo tanto todavía no sabe cómo le ha amado.
¿Termina uno amando al prójimo después de haberse pasado un buen tiempo “espaciándose en Cristo”?
La respuesta es no, porque han estado “espaciándose”, en quien no conocen. Si no pueden dejar de juzgar a los demás, o no pueden amar al prójimo, eso quiere decir que no han puesto las enseñanzas de Cristo en práctica, por lo tanto no lo conocen.
Pero la autora tiene la solución: espaciar los pensamientos en la piedad de Cristo. ¿De dónde habrá sacado esa idea? No de la biblia, eso sí está claro.
“Debemos espaciarnos en el carácter de nuestro querido Redentor e Intercesor”. (pág. 79)
La autora primero le dice a su gente que si estudia la biblia, no perderá el camino. Después, le dice que es lo que se debe o no se debe hacer ¿quién le autorizó, Dios?
Los que le crean, se espaciarán en quién sabe qué y terminarán reflejando quién sabe qué espíritu.
En otros escritos, la autora enseña lo siguiente:
“Cuando se vea expuesto a las diversas circunstancias de la vida, y se hablen palabras que están calculadas para zaherir y lastimar el alma, dígase a sí mismo: "Soy un hijo de Dios, un heredero con Cristo, un colaborador de Dios. No debo tener, por lo tanto, una mente vulgar que se ofende fácilmente”. (Alza tus ojos, pág. 34)
Justo cuando tiene la oportunidad de amarle como Cristo nos ha ordenado, o incluso dar la otra mejilla, también como nos ha ordenado, no, otra vez encuentra la alternativa. Ahora recurre al método de tratar de convencerse a sí mismo. Mejor hubiera sido si intentaba renunciar a sí mismo, también como Cristo nos ha ordenado.
“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad. Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca” (S. Mateo 7: 22-24)
Al principio, ese párrafo bíblico pareciera tener una contradicción, porque justamente, el reclamo de esas personas era que habían puesto todo en práctica. Eso es porque no es lo mismo hacer cosas propias de los verdaderos cristianos, o cosas para su iglesia, que poner en práctica la palabra.
De manera que habrá que tener mucho cuidado cada vez que en las iglesias alguien dice lo que “debe” hacerse.
Son muchos los párrafos que se han mostrado acá, todos dicen cómo entender la biblia. Pero ninguna de esas enseñanzas está en la biblia.
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