Los siguientes párrafos pertenecen al libro: El conflicto de los siglos, escrito por Elena de White, profeta y pionera de la iglesia adventista del séptimo día.
La autora compara el comportamiento de los verdaderos cristianos, con el comportamiento de falsos, para que sus lectores se comparen con estos últimos y deduzcan que están en lo correcto.
El fundamento
“El gran pecado de los judíos consistió en que rechazaron a Cristo; el gran pecado del mundo cristiano iba a consistir en que rechazaría la ley de Dios, que es el fundamento de su gobierno en el cielo y en la tierra”. (El conflicto de los siglos, pág. 25)
La autora también enseña cómo era el comportamiento de los judíos y de los cristianos de la iglesia primitiva, seguramente con la intención de aprender las virtudes de los buenos y no cometer los errores de los otros. De los judíos, decía cosas como la siguiente:
“sus cabezas juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y apóyanse en Jehová diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros." (Miqueas 3: 9-11.)
Estas palabras dan una idea cabal de cuán corruptos eran los moradores de Jerusalén y de cuán justos se consideraban. A la vez que se decían escrupulosos observadores de la ley de Dios, quebrantaban todos sus preceptos”. (El conflicto de los siglos, pág. 30)
Antes había dicho que el gran pecado de los judíos era haber rechazado a Cristo, pero ahora dice que también quebrantaban la ley. También había dicho que los cristianos rechazarían la ley, como si esa no fuera una forma de rechazar a Cristo.
Al final, no explicó por qué puntualizó cuál era el gran pecado de uno o del otro, si las dos partes hacían lo mismo.
Pero más allá de eso, los judíos de verdad creían que no vendría mal sobre ellos. La mayor parte de la gente de Israel ni siquiera se imaginaba que su final sería así de trágico.
Seguramente eso también pasa con los cristianos, la mayoría no cree estar rechazando la ley como denunció la autora. Ningún cristiano cree ser falso y ningún sacerdote cree enseñar por precio.
Entonces, dada esa situación, uno de los errores que la autora quería evitar, era el de creerse tan seguros, como enseña el siguiente párrafo.
Los desobedientes e ingratos
“No podemos saber cuánto debemos a Cristo por la paz y la protección de que disfrutamos. Es el poder restrictivo de Dios lo que impide que el hombre caiga completamente bajo el dominio de Satanás. Los desobedientes e ingratos deberían hallar un poderoso motivo de agradecimiento a Dios en el hecho de que su misericordia y clemencia hayan coartado el poder maléfico del diablo”. (El conflicto de los siglos, pág. 39-40)
Cuando dice: “no podemos saber” (nosotros), se refiere a ella y a sus seguidores seguramente, como un intento de diferenciarse de los judíos.
Sin embargo, cuando se compara con los desobedientes e ingratos (ellos), da a entender que los otros son los que deberían hacer algo para salvarse. Así se posiciona en el mismo lugar que los judíos cuando decían: “no vendrá mal sobre nosotros”.
Es decir, termina cometiendo el mismo error que está tratando de evitar.
Los judíos tenían muchas razones para creerse protegidos. De seguro también creían ser obedientes y agradecidos, al igual que todos los que practican una doctrina religiosa.
Es decir que la solución que propuso es nada. Los desobedientes deberían dice, ya de entrada era nada.
La protección que menciona también era falsa, porque no logró impedir que Satanás les convierta en desobedientes o ingratos.
Tampoco impide que Satanás les haga creer a los falsos cristianos que son verdaderos, lo cual no se soluciona siendo obedientes y agradecidos.
La completa destrucción
“Dios permite que los malvados prosperen y manifiesten su enemistad contra él, para que cuando hayan llenado la medida de su iniquidad, todos puedan ver la justicia y la misericordia de Dios en la completa destrucción de aquéllos”. (El conflicto de los siglos, pág. 52)
El párrafo se refiere a los malvados que realizaron las persecuciones hacia los primeros cristianos. Pero también es una predicción que está destinada a los malvados de la actualidad.
Antes, había dicho lo mismo de los judíos, eso fue lo que causó la destrucción de Israel.
“Así como le sucedió antiguamente a Israel, los malvados se destruirán a sí mismos, y perecerán víctimas de su iniquidad”. (El gran conflicto, pág. 41)
Al igual que el párrafo anterior, también predice la destrucción de los malvados. Sin embargo, exactamente lo mismo, textuales palabras, decían los judíos para referirse a sus opresores romanos.
Es decir que, el mismo título de -malvados que progresan- que utiliza la autora para referirse a los judíos, a los perseguidores de los primeros cristianos, y a los malvados de la actualidad, también la utilizaban los judíos para referirse a los malvados de su época.
En todos esos casos, el presagio era el mismo: serán destruidos. Se supone que la idea era ser distinto a los judíos no similares.
Los profesos hijos de Dios
El siguiente párrafo se refiere a los primeros cristianos.
“Bueno sería para la iglesia y para el mundo que los principios que aquellas almas vigorosas sostuvieron revivieran hoy en los corazones de los profesos hijos de Dios”. (El conflicto de los siglos, pág. 50)
Acá se puede ver que la autora no solo quiere ser diferente a los judíos, sino aprender de los primeros cristianos. El siguiente párrafo, dice algo al respecto:
“El apóstol Pablo declara que "todos los que quieren vivir píamente en Cristo Jesús, padecerán persecución." (2 Timoteo 3: 12.) ¿Por qué, entonces, parece adormecida la persecución en nuestros días?”. (El gran conflicto, pág. 52)
Quiere decir que ya en la época de la autora no había persecuciones. Sin embargo, el párrafo dice que solo parece, por lo tanto aporta la solución:
“Revivan la fe y el poder de la iglesia primitiva, y el espíritu de persecución revivirá también y el fuego de la persecución volverá a encenderse”. (El gran conflicto, pág. 52)
Todavía no han revivido esa fe, o la predicción era falsa, porque la persecución no volvió a encenderse. O tal vez sí, nunca se sabe, hay muchas formas de persecución.
De todas maneras, la persecución tal como esperan los adventistas, no ha ocurrido.
“No hay duda de que los cristianos primitivos fueron un pueblo peculiar. Su conducta intachable y su fe inquebrantable constituían un reproche continuo que turbaba la paz del pecador”. (pág. 50)
Tampoco han logrado eso, los adventistas no perturban la paz de nadie. Aunque también pudiera ser como lo anterior, tal vez solo parecen no perturbar.
“Desde el tiempo de Cristo hasta hoy, sus verdaderos discípulos han despertado el odio y la oposición de los que siguen con deleite los senderos del mal”. (pág. 50)
Así como están las cosas, los adventistas no tienen ninguna de las características que les asemeje a los primeros cristianos. Ni siquiera parecen ser los allí mencionados como “verdaderos discípulos”, porque tampoco han despertado el odio.
Los más puros
“Hasta los hay que se sienten tentados a abandonar su confianza en Dios porque él permite que los hombres más viles prosperen, mientras que los mejores y los más puros sean afligidos y atormentados por el cruel poderío de aquéllos”. (pág. 51)
Nada de eso parece estar pasando tampoco. Al contrario, los adventistas tienen toda la libertad del mundo, a tal punto que el crecimiento de sus instituciones y empresas parece no detenerse.
Tampoco son afligidos por el cruel poderío de nadie. Una de dos, o la autora volvió a equivocarse, o los adventistas no son los más puros.
Abandonarlo todo
El siguiente párrafo habla de los primeros cristianos que habían empezado a mezclarse con los corruptos que estaban contaminando la iglesia.
“No podían estos seguir unidos a los que eran, en hábitos y en disposición, fieles representantes de Cristo; y cuando las pruebas y la persecución vinieron sobre éstos, sólo los que estaban resueltos a abandonarlo todo por amor a la verdad, quisieron ser discípulos de Cristo. De modo que mientras continuó la persecución la iglesia permaneció relativamente pura; pero al cesar aquélla se adhirieron a ésta conversos menos sinceros y consagrados, y quedó preparado el terreno para la penetración de Satanás”. (El conflicto de los siglos, Pág. 48)
“quisieron ser discípulos”
En otras palabras, estaban en una situación igual que ahora, solo los que están dispuestos a abandonar todo pueden ser sus discípulos. Eso es lo que dice la biblia.
Después dice: al cesar aquella. Nunca cesó la persecución, solo cambió de forma y lugar.
Después dice: se adhirieron menos sinceros y menos consagrados, pero los que se adhieren siempre son nuevos, no pueden ser consagrados.
Menos sinceros dice también, como si la sinceridad fuera una señal de veracidad. No lo es, porque los engañados también son sinceros.
“quedó preparado el terreno para la penetración de Satanás”.
No es posible preparar el terreno para la “penetración” de Satanás. A no ser que la autora creyera que algunos hacen eso por iniciativa propia, sin su previa intervención. Es evidente que Satanás entró con los nuevos que se adhirieron.
Pero al menos eso explica por qué dijo “menos sinceros” y “menos consagrados”. Claro, no quiso llamar: falsos y corruptos, para referirse a gente que estaba dentro de única iglesia verdadera y a la que la autora llamó: almas vigorosas que tenían una fe digna de ser revivida.
Pero más allá de todo eso, lo importante acá es que eso cristianos verdaderos y puros no pudieron evitar que todo eso pasara. Aun siendo mayoría y los otros minoría.
Qué lástima que la autora no explicó cómo hacen en la actualidad para evitar que los menos consagrados corrompan todo. O cómo hicieron todo este tiempo para mantenerse puros sin esas persecuciones que mantenía a la iglesia pura, o sin esos principios que la autora pidió que se reviviera.
Teniendo en cuenta que no hay otra iglesia que haya progresado tanto desde su fundación como la adventista, surge un interrogante:
¿Puede ser que los adventistas sean esos -malvados que progresan-, que en el futuro serán destruidos? ¿O tal vez, esos viles que prosperan?
Por lo que vimos hasta ahora, no solamente no han logrado revivir los principios de aquellas almas vigorosas de los primeros cristianos, sino que además, tienen características similares a las tenían los judíos.
Creen ser el pueblo verdadero
Son prósperos
Creen que Dios les permite progresar
Creen que Dios está de su lado
Son perseguidos (serán algún día)
Esperan la destrucción de los malvados
Creen que no vendrá un castigo sobre ellos
Incluso han logrado impedir la penetración de Satanás, cosa que la iglesia primitiva no pudo. O sea que ni siquiera tienen en común sus partes vulnerables.
A no ser que Satanás sí haya logrado infiltrarse, pero lo hizo tan bien que otra vez no se han dado cuenta.
O tal vez todavía están en proceso, es decir, están preparando el terreno para Satanás y por eso todavía no son oprimidos por los más viles que prosperan.
Antes había dicho:
“No podían estos seguir unidos a los que eran, en hábitos y en disposición, fieles representantes de Cristo”
Tal vez los corruptos han hecho todo tan bien esta vez, que han logrado corromper con su poderío a toda la doctrina, pero esta vez se las arreglaron para pasar desapercibidos.
Está claro que los adventistas no creen que nada de eso haya pasado. Sin embargo, la pregunta es ¿podría llegar a pasar en el futuro?
De seguro eso tampoco lo creen, tampoco creen ser los futuros destruidos. ¿Qué les ha convencido de eso?
La respuesta está en los mismos párrafos mencionados y en muchos en otros que aparecen en esas páginas, analizándolos con detalle se evidencia la razón.
Los malvados se destruirán a sí mismos
En todos sus relatos y enseñanzas, la autora fue implementando un método de comparación y descarte, que les hace deducir a sus seguidores que están haciendo lo correcto.
Lo primero que hizo fue compararse con los judíos y con los primeros cristianos corruptos y hallarse distintos.
Luego, convenció a sus lectores que los malvados que progresan, junto con los desobedientes e ingratos, serán destruidos. Ningún cristiano cree ser uno de esos.
También se ha comparado con los que rechazan la ley o a Cristo, con los que se sienten seguros, con los que siguen con deleite los caminos del mal, con los más viles y con los que no son sinceros. Ningún cristiano cree ser uno de esos tampoco.
El siguiente párrafo es un buen ejemplo de eso.
“Entonces los que no obedezcan al Evangelio serán muertos con el aliento de su boca y destruidos con el resplandor de su venida. (2 Tesalonicenses 2:8.) Así como le sucedió antiguamente a Israel, los malvados se destruirán a sí mismos, y perecerán víctimas de su iniquidad”. (El conflicto de los siglos, pág. 41)
El párrafo compara a los que no obedecen al evangelio, con los malvados y con Israel, dando a entender que los judíos eran malvados. Pero no lo dice directamente.
Hacer creer sin decirlo es el método, porque las personas tienden a creer más en lo que deducen que en lo que se les dice de frente.
El párrafo bíblico que menciona, que se supone está allí para apoyar lo dicho por la autora, no habla de Israel, no habla de malvados y tampoco dice que haya quienes se destruirán a sí mismos.
Pero lo más importante, no dice que los malvados son los futuros destruidos como afirma la autora.
Sin embargo, gracias a la comparación y deducción, los que no obedezcan el evangelio y los malvados, quedaron como si fueran los mismos. Hasta el método que utilizó para insinuarlo pasó desapercibido.
¿Los adventistas creen ser el pueblo de Dios verdadero porque no son malvados? Tal vez se juzgan ellos mismos y se hallan buenos.
No, lo que hacen es juzgar a todo el mundo y hallarse distintos.
Los que son llamados
“El apóstol Pablo declara que todos los que quieren vivir píamente en Cristo Jesús, padecerán persecución." (2 Timoteo 3: 12.) (El conflicto de los siglos, pág. 52)
La autora tergiversa ese párrafo bíblico y lo dice al revés. En la misma página del libro, dice:
“Los que son llamados a sufrir la tortura y el martirio, no hacen más que seguir las huellas del amado Hijo de Dios. “El Señor no tarda su promesa”. (2 Pedro 3: 9.) Él no se olvida de sus hijos ni los abandona, pero permite a los malvados que pongan de manifiesto su verdadero carácter para que ninguno de los que quieran hacer la voluntad de Dios sea engañado con respecto a ellos”. (El conflicto de los siglos, pág. 51 y 52)
“Los que son llamados”, dice la autora modificando el párrafo bíblico incluso antes de mencionarlo.
Los judíos y otros pueblos también sufrieron tortura y martirio, pero eso no significa que estaban siguiendo las huellas de Cristo.
Sin embargo, así dicho sirve para no especificar el destinatario, ni el momento ni la época en que eso ocurrirá. Así traslada la persecución a un momento incierto.
Después dice: “no se olvida de sus hijos”, y acto seguido, los compara con los malvados que gozan de una libertad dada por Dios.
Los lectores de estos escritos, por no ser o no creerse malvados, se pondrán del lado de los allí llamados: “sus hijos”. Así, por simple deducción, quedan dentro del grupo de los que serán perseguidos.
El párrafo no dice que los malvados harán la persecución, tampoco dice que la persecución está pronto a suceder, ni siquiera dice que habrá una persecución.
Aun así esas ideas quedan sobreentendidas.
“para que ninguno de los que quieran hacer la voluntad de Dios sea engañado respecto a ellos”
Al utilizar la palabra “ellos”, para referirse a los perseguidores ocultos, les hace creer a los adventistas que pertenecen al grupo de los que quieren hacer la voluntad de Dios.
Sin embargo, les guste o no a los adventistas, los perseguidores también creen estar haciendo la voluntad de Dios.
Los que le crean a la autora, se pasarán buscando donde están los malvados y potenciales perseguidores, para después creer que Dios fue quien les ha mostrado donde están.
En vez de buscar y encontrar la forma de amarlos como Cristo ordenó, se pasarán la vida empeñados en no ser uno de ellos.
En vez de poner empeño en obedecer el evangelio como enseña la biblia, pondrán empeño en no ser malvados, como enseña Elena de White.
Puros y sinceros
“Entre los que profesan el cristianismo ha habido siempre dos categorías de personas: la de los que estudian la vida del Salvador y se afanan por corregir sus defectos y asemejarse al que es nuestro modelo; y la de aquellos que rehúyen las verdades sencillas y prácticas que ponen de manifiesto sus errores. Aun en sus mejores tiempos la iglesia no contó exclusivamente con fieles verdaderos, puros y sinceros”. (El conflicto de los siglos. pág. 47)
Llama la atención que la autora se refiera a los mejores tiempos de la iglesia, mencionando que no todos eran verdaderos, puros y sinceros. Solo hay que imaginarse cómo debe ser ahora.
Refiriéndose también a los primeros cristianos, dice:
“Bajo el manto de un cristianismo falso, Satanás se introducía en la iglesia para corromper la fe de los creyentes y apartarlos de la Palabra de verdad”. (El conflicto de los siglos. pág. 47)
Aun siendo menos, los corruptos eran suficientes como para corromper a toda la iglesia, todo eso en sus mejores tiempos. Qué bueno hubiera sido si explicaba cómo hacen ahora para impedir que todo eso pase.
Hay dos grupos dice. Primer grupo: los que se afanan por corregir sus defectos para así asemejarse a su modelo.
Segundo grupo: los que rehúyen de las verdades sencillas y prácticas que ponen de manifiesto sus errores.
No son dos grupos, son los mismos. Todas esas cosas son compatibles entre sí y se pueden hacer simultáneamente. De hecho si no lo hicieran así, no serían falsos cristianos.
Si no se afanaran en asemejarse al modelo, ni siquiera asistirían a las iglesias. Si pusieran en práctica las verdades sencillas, no serían falsos.
Es decir que esta vez, ha comparado dos grupos que ni siquiera eran opuestos.
Las dos palabras claves son, “modelo” y “sincero”. Insinúa con eso que los cristianos sinceros son verdaderos, eso es mentira porque los engañados también son sinceros.
De no ser así, estarían consientes de estar fingiendo ser lo que no son, por lo tanto serían engañadores, no engañados.
Los que crean en esa enseñanza, en vez de poner en práctica la palabra, como Cristo enseñó, seguramente ahora están tratando sinceramente de asemejarse al “modelo”.
La ira de Dios
“Como se les enseñaba a confiar en sus buenas obras para obtener la salvación, se fijaban siempre en sí mismos, pensando continuamente en lo pecaminoso de su condición, viéndose expuestos a la ira de Dios, afligiendo su cuerpo y su alma sin encontrar alivio. Así es como las doctrinas de Roma tenían sujetas a las almas concienzudas”. (El conflicto de los siglos, pág. 78)
Acá está hablando de la doctrina católica. Muy resumidamente, dice que les llevaba a pensar siempre en sí mismos. Todo puede ser, pero es difícil creer que las cosas hayan sido así de sencillas.
“afligiendo su cuerpo y su alma sin encontrar alivio”
De todas maneras, de haber sido así, ya no lo es en la actualidad. Eso es porque al parecer, Satanás ha encontrado la manera de que los fieles sigan creyendo en la ira de Dios, pero sin verse expuestos por no creer merecerla, como enseña el siguiente párrafo.
“La destrucción de Jerusalén es una advertencia terrible y solemne para todos aquellos que menosprecian los dones de la gracia divina” (El conflicto de los siglos, pág. 40)
Como puede verse, creen en esa advertencia. Entonces, con solo no creer menospreciar los dones de la gracia, ya pueden estar sujetos a la iglesia sin verse expuestos a la ira.
Mientras tanto, pueden seguir pensando en sí mismos todo lo que quieren, sin que nada se lo impida.
“Nunca se dio un testimonio más decisivo de cuánto aborrece Dios el pecado y de cuán inevitable es el castigo que sobre sí atraen los culpables”. (El conflicto de los siglos, pág. 40)
La única forma de no creerse expuesto a la ira de un Dios que castiga inevitablemente a los culpables, es no creyéndose culpables.
Aunque resulta un poco difícil no creerse culpables sin pensar en lo inocente de su condición. Tal vez la autora pensaba que creerse inocentes está bien, pero creerse pecaminosos estaba mal.
“se fijaban siempre en sí mismos, pensando continuamente en lo pecaminoso de su condición, viéndose expuestos a la ira de Dios”
Ahora, lo realmente difícil, es creerse inocentes sin fijarse todo el tiempo en sí mismos. Debe ser por eso que no lo hacen así, se fijan en los otros, para eso está el método de comparación que parece funcionar bien.
Por medio de la palabra
“Bien sabía Satanás que las Sagradas Escrituras capacitarían a los hombres para discernir los engaños de él y para oponerse a su poder. Por medio de la Palabra fue como el mismo Salvador del mundo resistió los ataques del tentador. A cada asalto suyo, Cristo presentaba el escudo de la verdad eterna diciendo: "Escrito está." A cada sugestión del adversario oponía él la sabiduría y el poder de la Palabra. Para mantener su poder sobre los hombres y establecer la autoridad del usurpador papal, Satanás necesita que ellos ignoren las Santas Escrituras”. (El conflicto de los siglos, pág. 55)
Qué lástima que el párrafo no dice si Satanás aprendió tentándole a Cristo que las escrituras capacitaban, o ya sabía eso de antes. Porque si lo sabía de antes, entonces fue un tonto al tratar de engañarlo de esa manera.
Entonces aprendió con Cristo y así fue como engañó a todos los que están ahora bajo el poder usurpador papal. Excelente.
Pero no, porque la autora otra vez lo hizo todo demasiado sencillo. Satanás necesitaba que Cristo conociera las escrituras, no que las ignorara como dijo. De no ser así, no habría podido tentarle siquiera.
Satanás mismo empezó diciendo: escrito está, y le presentó un párrafo bíblico verdadero. Eso es lo mismo que ahora, si la gente no conociera las escrituras, estas no podrían ser mal interpretadas.
Es decir que esta vez, la autora no solo ha mostrado otra solución falsa, sino que el mismo problema era falso.
¿Por qué existen las iglesias falsas y tanta gente engañada? Los que le creen a la autora, tal vez piensan que todas las otras congregaciones distintas a la suya no leen la biblia. Creen que son tontos.
Esa sí que sería la peor de todas las comparaciones, creerse inteligentes después de haberse comparado con los tontos. Aun así, es la más común de todas las comparaciones, y la más infantil.
Abandonar todo
“Al consagrarnos a Dios, debemos necesariamente abandonar todo aquello que nos separe de él. Por esto dice el Salvador: "Así, pues, cada uno de vosotros que no renuncia a todo cuanto posee, no puede ser mi discípulo" (S. Lucas 14: 33)”. (El camino a Cristo, pág. 39)
Antes había dicho que debido a las persecuciones, solo los que estaban dispuestos a abandonarlo todo, quisieron ser discípulos de Cristo.
Lo que entonces pareció un error propio de un descuido, ahora parece confirmar que no lo era, era lo que creía. Tal parece que ya no es necesario abandonarlo todo, hay que abandonar todo lo que nos separe de Él.
Los que le creen a la autora, de seguro creen haberlo hecho así, como dice ahora. Puede ser, pero hay un problema, así no dijo el Salvador.
El salvador dice: renuncie a todo cuanto posee.
La autora dice: “abandonar”. Para colmo, después menciona una lista de cosas propias de gente pudiente.
Los tesoros
El amor al dinero
El deseo de las riquezas
La reputación
Una vida de comodidad egoísta, libre de responsabilidad.
Si tan solo hubiera intentado poner en práctica ese párrafo bíblico en vez de modificarlo, se habría dado cuenta que no hay nada que pueda conservarse que no nos separe de Él y por lo tanto lo innecesaria de esa declaración y de esa lista.
Menos mal que las escrituras capacitaban.
“Bien sabía Satanás que las Sagradas Escrituras capacitarían a las personas para discernir los engaños de él y para oponerse a su poder”.
“Satanás necesita que ellos ignoren las Santas Escrituras”.
Todo lo contrario, Satanás necesita que ellos conozcan las escrituras, para lograr que la interpreten a su manera, o incluso que la modifiquen como en este caso.
El mismo espíritu
“Si tenemos siempre presentes las acciones egoístas e injustas de otros, encontraremos que es imposible amarlos como Cristo nos ha amado; pero si nuestros pensamientos se espacian continuamente en el maravilloso amor y piedad de Cristo por nosotros, manifestaremos el mismo espíritu para con los demás”. (El camino a Cristo, pág. 108)
Antes había denunciado a los que rehuían las prácticas diciendo que eran falsos cristianos. Pero como se puede ver acá, hay otro grupo más. Estos no rehúyen, sino que intentan y fracasan. Después, buscan algún método alternativo como este que le ofrece la autora.
Aunque lo más probable es que ni lo intentan, directamente hacen lo que la autora les dice.
Antes estaban tratando de asemejarse al modelo. Sin embargo, no logran amar al prójimo como Cristo ha ordenado, tampoco logran dejar de juzgar a los demás, como también Cristo ha ordenado.
Es decir, no logran poner en práctica las “verdades sencillas” antes mencionadas. Se nota que no eran tan sencillas.
Es por eso que hay nuevos planes, ahora hay que tratar de manifestar el “mismo espíritu”. Pero no manifestarán nada con ese método, porque no han logrado poner en práctica las palabras de Cristo.
Hay una última cosa que señalar con respecto a todo esto: los cristianos falsos que sinceramente creen ser verdaderos, parecen no existir en los escritos de Elena de White.
En todos estos párrafos vimos: malvados, perseguidores, desobedientes, ingratos, perseguidos que disipan sus engaños, víctimas de su iniquidad, corruptos, quebrantadores de preceptos, ignorantes de la protección, gente de fe adormecida, futuros destruidos, amadores de riquezas, pensadores en sí mismos y egoístas que no pueden amar a otros egoístas.
Ningún cristiano cree ser nada de eso, incluyendo los adventistas.
Hay una sola manera de saber con certeza que no se pertenece al grupo de los engañados, se logra escuchando y poniendo en práctica las palabras de Cristo.
Por ejemplo, lo siguiente:
“No juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados”. (S. Lucas 6:37)
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