sábado, 3 de marzo de 2012

LA DIVINIDAD DE CRISTO




El siguiente es un artículo que se puede encontrar en internet, habla de la Divinidad de Cristo según las enseñanzas de Elena de White, profeta de la iglesia adventista del séptimo día.

La primera parte es el artículo original, se llama: “quiero saber”

A continuación del artículo viene la segunda parte, allí se explican todos los errores cometidos en las enseñanzas de la autora.


Primera parte



Quiero saber

                                                            La divinidad de Cristo

¿Se afirma con claridad la divinidad de Cristo en los escritos de Elena de White?
Las primeras descripciones que la Sra. de White realizó de la vida de Cristo en Dones espirituales (Spiritual Gifts, 1858) y en El espíritu de profecía (Spirit of Prophecy, 1876-1877), hacen poca alusión a la deidad de Cristo. Pero, en obras posteriores como Patriarcas y profetas (1890) y El Deseado de todas las gentes (1898), se afirma con claridad la divinidad y la preexistencia eterna de Jesús. Lo que sigue es solo una muestra de lo que la autora ha escrito sobre este tema.

Afirma su preexistencia y divinidad


            Elena G. de White confiaba en la Biblia como fuente de instrucción sobre esta doctrina fundamental. “Pero si no fuera por la Palabra de Dios, no tendríamos ningún conocimiento acerca de que una persona llamada el Señor Jesús jamás visitara nuestro mundo, ni tampoco ningún conocimiento de su divinidad, como lo indica su existencia previa con el Padre” (Exaltad a Jesús, p. 124). En la Escritura, los temas vitales del cristianismo, como la divinidad de Cristo, “son revelados desde el Génesis hasta el Apocalipsis” (Consejos para los maestros, p. 413).
            Negar la naturaleza divina de Jesús sería incurrir en un engaño lamentable. “Otro error peligroso es el de la doctrina que niega la divinidad de Cristo, y asevera que él no existió antes de su venida a este mundo. Esta teoría encuentra aceptación entre muchos que profesan creer en la Biblia; y, sin embargo, contradice las declaraciones más positivas de nuestro Salvador respecto a sus relaciones con el Padre, a su divino carácter y a su preexistencia. Esta teoría no puede ser sostenida sino violentando el sentido de las Sagradas Escrituras del modo más incalificable. No solo rebaja nuestro concepto de la obra de la redención, sino también socava la fe en la Biblia como revelación de Dios. Al par que esto hace tanto más peligrosa dicha teoría, la hace también más difícil de combatir. Si los hombres rechazan el testimonio que dan las Escrituras inspiradas acerca de la divinidad de Cristo, inútil es querer argumentar con ellos al respecto, pues ningún argumento, por convincente que fuese, podría hacer mella en ellos. [...] Ninguna persona que haya aceptado este error, puede tener justo concepto del carácter o de la misión de Cristo, ni del gran plan de Dios para la redención del hombre” (El conflicto de los siglos, pp. 578, 579).
            Es verdad que Cristo se hizo hombre, pero esa humillación no debe hacernos dudar de “su divinidad y su existencia antes de que el mundo fuera formado” (Mensajes selectos, t. 1, p. 285). De modo que, al compartir el mensaje con otros, debemos hacer saber a la gente “que creemos en Cristo, en su divinidad y en su preexistencia” (Obreros evangélicos, p. 420).
            En la enseñanza bíblica, Jesús está vinculado con la humanidad y simpatiza con sus sufrimientos, al tiempo que “por su divinidad está unido con el trono del Infinito” (El Deseado de todas las gentes, p. 410). La certeza de su divinidad garantiza la salvación que nos ofrece. “En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra [...] La divinidad de Cristo es la garantía que el creyente tiene de la vida eterna” (Ibíd., p. 489; ver también A fin de conocerle, p. 37). Elena de White es categórica en esto. “La cuestión de su divinidad ha sido definida para siempre [...] Los ángeles del cielo se inclinan en adoración ante él. Sus enemigos disciernen el error que han cometido y toda lengua confiesa su divinidad” (En los lugares celestiales, p. 358).
            Luego de la resurrección, los apóstoles proclamaron con poder “la divinidad de Jesús” (Los hechos de los apóstoles, pp. 34, 35). La conclusión resulta obvia: “La divinidad de Cristo debe ser constantemente sustentada” (Alza tus ojos, p. 56).

Las evidencias de su divinidad


            Durante su existencia terrena Cristo había mostrado “convincentes evidencias de su divinidad” (Alza tus ojos, p. 78). Desde sus primeros años “abundaban las evidencias de la divinidad de su carácter” (El Deseado de todas las gentes, p. 70). En ocasión del bautismo del Señor, se oyó la voz de Dios “atestiguar la divinidad de Jesús” (Ibíd., pp. 90, 91, 696).
            Las mismas palabras de Cristo eran una “evidencia siempre presente de su divinidad” (Ibíd., p. 168); lo mismo puede decirse de su obra. “La evidencia de su divinidad se veía en su adaptación a las necesidades de la humanidad doliente” (Ibíd., p. 188). La capacidad de leer los pensamientos secretos de los hombres era una evidencia adicional de la divinidad de Jesús (Ibíd., pp. 205, 420, 611, 667). Al devolver la vida, Jesús volvió a mostrar su divinidad. “Este milagro culminante, la resurrección de Lázaro, había de poner el sello de Dios sobre su obra y su pretensión a la divinidad” (Ibíd., p. 487). Incluso quienes juzgaron a Cristo “habían recibido pruebas inequívocas de la divinidad de Aquel a quien condenaban a muerte” (Ibíd., p. 686).

Revistió su divinidad con humanidad


            Elena de White piensa que es importante que entendamos “por qué revistió su divinidad con humanidad, y con mansedumbre y humildad vino al mundo como nuestro Redentor” (A fin de conocerle, p. 38). Al revestir su divinidad con humanidad, Jesús mostró humildad y condescendencia (Ibíd., p. 58). Al asumir la humanidad, Cristo ocultó su divinidad y dejó a un lado su gloria (Alza tus ojos, p. 88). A fin de poder morir en sacrificio por el hombre, Jesús “cubrió su divinidad con humanidad” (A fin de conocerle, p. 276).
            Vez tras vez, la Sra. de White menciona que Cristo “ocultó su divinidad bajo el manto de la humanidad” (Alza tus ojos, p. 244), o que “revistió su divinidad con humanidad” (Cada día con Dios, pp. 298, 357; Mensajes selectos, t. 1, pp. 377, 378).
            Para ser nuestro Salvador, Jesús debía ser divino y humano. “El Redentor del mundo revistió su divinidad con humanidad para que pudiera alcanzar a la humanidad, pues se necesitó de lo divino y de lo humano para traer la salvación al mundo, necesaria por la caída del hombre. La divinidad necesitaba de la humanidad para que la humanidad proporcionara un canal de comunicación entre Dios y el hombre. El hombre necesita un poder exterior y superior a él para que lo restaure a la semejanza de Dios” (Mensajes selectos, t. 1, pp. 440, 441).
 

La divinidad de Jesús fue reconocida


            A lo largo de su ministerio, muchos percibieron su verdadera identidad y naturaleza. Los magos de Oriente lo adoraron, y “reconocieron la presencia de la divinidad” (El Deseado de todas las gentes, p. 45). También Simeón y Ana habían reconocido la divinidad de Jesús y habían dado su testimonio en ese sentido (Ibíd., p. 198). Para el tiempo de la crucifixión, también José y Nicodemo se habían convencido “de la divinidad de Jesús” (Ibíd., pp. 719, 721).

En ocasiones, su divinidad fulguró a través de la humanidad


            A pesar de su condición humana, hubo momentos en que la naturaleza divina de Cristo no pudo esconderse. “Mientras estuvo en la tierra, a veces la divinidad fulguraba a través de la humanidad y se revelaba su verdadero carácter (A fin de conocerle, p. 60). Ocurrió en su primera visita al Templo; en su contienda con Satanás, cuando resucitó a Lázaro; en la purificación del Templo; y en sus disputas con los dirigentes religiosos (El Deseado de todas las gentes, pp. 60, 104, 493, 541, 542).

Su naturaleza divino-humana


            Elena de White tenía claro que existía una doble naturaleza en la persona de Jesús. “¿Fue la naturaleza humana del hijo de María transformada en la naturaleza divina del Hijo de Dios? No, ambas naturalezas fueron misteriosamente fusionadas en una sola persona: el Hombre Cristo Jesús. En él moraba toda la plenitud de la Divinidad corporalmente. Cuando Cristo fue crucificado, fue su naturaleza humana la que murió. La Deidad no se debilitó ni murió; eso habría sido imposible” (Alza tus ojos, p. 258).
            En Jesús coexisten ambas naturalezas. “La humanidad de Cristo estaba unida con la divinidad” (Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 180). Esta unión de sus naturalezas permitió a Jesús revelar a Dios entre los hombres. “El Salvador anhelaba profundamente que sus discípulos comprendiesen con qué propósito su divinidad se había unido a la humanidad” (El Deseado de todas las gentes, pp. 619, 620).
            Se trata, por cierto, de un profundo misterio. “La divinidad y la humanidad se hallaban combinadas misteriosamente, y el hombre y Dios fueron uno solo. En esta unión es donde encontramos la esperanza de la raza caída” (Exaltad a Jesús, p. 69). Lo cierto es que la divinidad y la humanidad se unieron o combinaron en Cristo (Joyas de los testimonios, t. 2, p. 345; Mensajes selectos, t. 1, pp. 379, 478).
            A la luz de lo que la Biblia y el Espíritu de Profecía enseñan acerca de Cristo, los adventistas del séptimo día creen en: (1) su divinidad y (2) preexistencia; (3) su encarnación y (4) humanidad; (5) la subordinación al Padre durante su ministerio terrenal; (6) su impecable perfección y (7) su muerte vicaria; (8) su resurrección, (9) ascensión y (10) ensalzamiento final. La divinidad de Cristo es, entonces, un pilar fundamental de la fe y un elemento vital para comprender su obra redentora.


Segunda parte: Contestación

Estilo del artículo

 

En el comienzo, el artículo declara que la Elena de White confiaba en la biblia como fuente de inspiración y de información. Sin embargo, no aporta ninguna referencia bíblica de nada de lo que dice.

Si bien todo indica que no tenía esa intención, tampoco hubiera podido, porque ninguna de esas ideas tiene sustento bíblico. Al menos hubiera tenido la precaución de no decir que se basaba en la biblia.

Lo que sí hace y mucho, es descalificar y rechazar otras doctrinas. Para eso utiliza los siguientes términos, ninguno de ellos está en la biblia:

 

error peligroso

engaño lamentable

peligrosa teoría

difícil de combatir

inútil es tratar de argumentar con ellos

socava el concepto de salvación

rebaja nuestra fe

violenta el sentido de las Sagradas Escrituras

 

Luego, desalienta y acobarda a cualquiera que quiera siquiera conocer otras doctrinas:

 

Esta teoría no puede ser sostenida sino violentando el sentido de las Sagradas Escrituras del modo más incalificable

 

De haber tenido algún fundamento para sus ideas, no habría tenido la necesidad de amenazar, atemorizar, o descalificar así a las otras.

 

inútil es querer argumentar con ellos al respecto, pues ningún argumento, por convincente que fuese, podría hacer mella en ellos.

 

Cuesta creer que alguien denuncie la obstinación de otros, admitiendo la propia, o peor, siendo más terco todavía. Es evidente que tanto la autora como los adventistas son los que no quieren argumentar. No deben tener con qué.

Pero no todos se dejan meter miedo ni se dejan intimidar por cualquiera que expresa con amenazas, ideas que sacó quién sabe de dónde.

Tampoco tiene por qué ser inútil argumentar con nadie, menos aun tratándose de ideas que han sido expresadas con tanta determinación, por ejemplo: “socava la fe en la biblia”.

Es como si hubiera dicho: esa es una teoría peligrosa, y no me lo discutan. Eso no es otra cosa que simple terquedad.

Si de verdad son así de peligrosas, deberían explicar por qué el peligro, al menos eso. “Socava la fe” dice, pero esa no es una explicación, porque tampoco explica por qué habría de socavar.

El artículo hace la siguiente aclaración:

 

Lo que sigue es solo una muestra de lo que la autora ha escrito sobre este tema”

Vez tras vez, la Sra. de White menciona”

 

Lo dice como si la mayor repetición significara mayor importancia o incluso más veracidad del asunto.

Cualquiera que haya leído los escritos de esa autora, sabrá que la increíble cantidad de veces que repite cada una de sus ideas, de seguro no es otra cosa que el resultado de una mentalidad obsesiva.

 

La preexistencia de Jesús

 

Si resumimos el párrafo donde se apoya la preexistencia de Cristo, dice algo que se podría enunciar así:

 

-la doctrina que asevera que Él no existió antes de su venida, contradice las declaraciones más positivas acerca de su preexistencia-.

 

En otras palabras: los que dicen que no existió de antes, niegan la preexistencia.

Eso no solamente es bastante absurdo, sino que no es verdad que haya declaraciones “más positivas” sobre la preexistencia. Eso más que argumento, parece imposición de ideas, porque las declaraciones a las que se refiere, están sujetas a la interpretación de la autora.

Alguno pensará que “más positivas”, era solo una forma de expresarse, pero el asunto está en que sigue y amplía:

 

socava la fe en la Biblia como revelación de Dios”

 

¿Por qué? ¿Así nomás sin pruebas ni razones? Socava la fe, ya no puede ser solo una expresión.

Además, la biblia dice otra cosa:

 

Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca” (S. Mateo 7: 24)

 

No creer en la preexistencia de Cristo, podrá socavar la fe de la autora y de los adventistas, pero no la de los que oyen las palabras de Cristo y las ponen en práctica.

Algunas doctrinas no creen en la “existencia previa con el Padre”. Dicen que los párrafos bíblicos que usan para apoyar esa idea, han sido tomados en forma literal y eso sería una discontinuidad a la lógica de quien estudia la biblia, porque normalmente no se hace así.

Por supuesto que cada uno tiene derecho a sostener su creencia, pero cuando Elena de White reprende tan duramente a otras doctrinas ¿No debería al menos fundamentar sus declaraciones?

No una explicación acerca de la preexistencia, sino de lo otro, por qué habría de socavar la fe.

Porque así presentado, lo que está diciendo es que no serán aceptados en el cielo quienes ahora no crean en la preexistencia de Cristo. A no ser que los adventistas crean que es posible practicar una doctrina lamentable y peligrosa que socava la fe y al mismo tiempo pretender salvarse.

Tampoco explica qué diferencia hay entre un “engaño lamentable”, con los otros engaños comunes. Ya antes había dicho que otras teorías violentaban el sentido de las escrituras de “del modo más incalificable”, como si fuera que estaba frente a alumnos del secundario.

Que explique bien por qué dice incalificable, si después las califica extensamente. Porque si solo usó esas palabras solo para expresar un repudio, no parece servir de mucho para alguien que quiere saber.

 

La certeza de su divinidad

 

La certeza de su divinidad garantiza la salvación que nos ofrece”

 

El siguiente párrafo bíblico, no parece estar de acuerdo con la autora:

 

Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”. (S. Juan 9:25)

 

¿Qué clase de certeza de la divinidad o de la preexistencia de Cristo tenía la persona que dijo eso? Ninguna, sin embargo no parecía tener socavada la fe como predijo la autora.

Casualmente, a ese le echaron del templo por sus declaraciones, debe ser porque no querían argumentar con él.

También dice:

 

Pero si no fuera por la Palabra de Dios, no tendríamos ningún conocimiento acerca de que una persona llamada el Señor Jesús jamás visitara nuestro mundo, ni tampoco ningún conocimiento de su divinidad, como lo indica su existencia previa con el Padre”

 

Podría resumirse diciendo: -La preexistencia de Jesús, indica su divinidad-.

 

¿Por qué la preexistencia de Jesús habría de indicar su divinidad? ¿Sólo porque la autora lo dice? ¿Cómo es que algo que no se puede ver, puede indicar otra cosa que tampoco se puede ver? Ni siquiera tiene sentido.

 

La divinidad y otros temas son revelados desde el Génesis hasta el Apocalipsis”

 

Lo que dice ese párrafo es sencillamente una mentira. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, ya no es una forma de expresarse, es una exageración resultante de un incontenible deseo de tener razón.

 

En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra”

 

Esa declaración niega que la parte humana sea parte de Cristo, porque el cuerpo sí provino de otra.

La única manera de creer lo que ahí dice, es asumiendo que en Cristo había dos partes, aunque eso no lo niega.

 

Por su divinidad está unido con el trono del Infinito”

 

Al menos debería haber explicado de qué nos sirve saber eso. Porque si dice cosas solo porque no se le puede refutar, no sirve de mucho.

Cada vez que alguien dice algo que no puede ser refutado, aunque parezca una contradicción, se le refuta fácilmente. Solo habrá que decir lo contrario, porque tampoco podrá ser refutado.

Por ejemplo, ante esa declaración, alguien podría decir:

 

-por su humanidad, está unido al trono del infinito-.

 

Podría apoyar esa idea diciendo que esa fue la principal misión de Cristo, porque se necesitaba un ser humano sin pecado para interceder por nosotros ante Dios.

Antes había dicho que la preexistencia de Jesús indicaba su divinidad. Se le refuta diciendo: la preexistencia de Jesús, indica que no era un ser humano verdadero. 

También dijo:

 

La certeza de su divinidad garantiza la salvación que nos ofrece”

 

Se le refuta diciendo: la certeza de su divinidad, no garantiza nada.

O también: la certeza de su divinidad es algo que nadie tiene. Solo puede creerse.

O también: la certeza de su humanidad, garantiza la salvación que nos ofrece.

La iglesia católica admitió oficialmente, que el tema de la preexistencia de Cristo es un tema sin solución, porque todo lo que se diga al respecto puede ser refutado. ¿Por qué los adventistas no lo admiten también? Saben que así es, por algo no quieren escuchar razones.

Pero todo indica que tampoco pueden darlas, debe ser por eso que no lo han hecho.

 

Toda lengua confiesa su divinidad

 

La autora presagia algo para el futuro, seguramente se refiere al fin de los tiempos:

 

Sus enemigos disciernen el error que han cometido y toda lengua confiesa su divinidad”

 

Qué bueno hubiera sido bueno si explicaba cómo hicieron para discernir, para que nosotros también lo podamos hacer, o que dijera quiénes son los que han cometido ese error, porque puntualmente les llama: sus enemigos.

Además de eso ¿Se han convertido en sus enemigos, por haber cometido ese error, o eran enemigos por otras cosas? Definitivamente eso sí requiere una explicación, cualquiera sea, porque explicación bíblica seguro que no tienen.

Al menos deberían explicar por qué esas dos ideas que están juntas, porque una cosa es ser enemigo y otra es cometer un error.

Quiero saber” se llama el artículo ¿quién quiere saber? Ni siquiera eso debe ser verdad. Mejor hubiera sido si explicaban las cosas que realmente importan. Por ejemplo, si se afirma con claridad la humanidad de Cristo en los escritos de Elena de White.

Eso es porque según la biblia, no confesar la humanidad de Cristo es indicio de poseer el espíritu del enemigo de Cristo, no al revés como dijo la autora, que también usó la palabra “enemigo”.

La versión bíblica: “Dios habla hoy”, dice lo siguiente:

 

De esta manera pueden ustedes saber quién tiene el Espíritu de Dios: todo el que reconoce que Jesucristo vino como hombre verdadero, tiene el Espíritu de Dios. El que no reconoce así a Jesús, no tiene el Espíritu de Dios; al contrario, tiene el espíritu del enemigo de Cristo. Ustedes han oído que ese espíritu ha de venir; pues bien, ya está en el mundo”. (1 S. Juan 4:2,3)

(Versión: Dios habla hoy)

 

De haber creencias tan peligrosas como señala la autora, esa debería ser una. Pero no para este artículo, que señala la alta peligrosidad de no confesar la divinidad de Cristo.

El interrogante que surge es ¿a qué le temía la autora? Tantas advertencias acerca de lo peligroso de esto, socava aquello, defrauda lo de más allá, traiciona no se sabe qué.

¿Los adventistas conocen alguna congregación religiosa que niegue la divinidad de Cristo? No, pero asumen que negar su preexistencia, es negar su divinidad, solo porque la autora lo dijo.

Eso es mucho asumir, porque los que no creen en su preexistencia, les guste o no a los adventistas, no niegan ni descreen de su divinidad.

 

La cuestión de su divinidad ha sido definida para siempre”

 

Con respecto a eso último, el artículo dice: “Elena de White es categórica en esto”. Claro, como si fuera que con todo lo anterior había sido ambigua o moderada.

Ni siquiera fue categórica en eso, si no dice nada. No dice dónde ha sido definida, ni cuándo, ni quiénes lo hicieron, ni cómo. Pareciera incluso que está señalando lo contrario, está admitiendo que es una cuestión a definir.

Seguramente dice “categórica”, porque la autora no siempre expresaba así sus ideas. Más bien solía utilizar mucho el método de insinuar sin decirlo.

Por ejemplo, en ninguna parte de todo ese artículo dice que los que descreen de la preexistencia de Cristo, no serán salvos. Tampoco dice que negar la preexistencia, es negar su divinidad. Sin embargo, todas esas ideas quedaron sobreentendidas.

 

ha sido definida para siempre”

 

Eso, más que una idea, parece una afirmación en forma de sentencia, propia de un juez. Solo faltó que dijera: -esto es así, punto-. Mientras niega con la cabeza y mira para abajo.

 

Habían reconocido la divinidad

 

Para el tiempo de la crucifixión, también José y Nicodemo se habían convencido “de la divinidad de Jesús”

 

Debería haber explicado como hicieron para convencerse, o por qué no lo habían hecho antes. Cómo es que las innumerables “pruebas convincentes”, tardaron tanto en convencerles. O por qué Jesús nunca les advirtió sobre el “engaño lamentable” en el que estaban.

Tal vez porque Cristo estaba más interesado en ocultar su divinidad que en revelarla.

 

También Simeón y Ana habían reconocido la divinidad de Jesús y habían dado su testimonio en ese sentido”

 

Habían dado testimonio”, pero no está el testimonio. ¿Qué clase de testimonio es ese que no se sabe cuál es?

Tampoco explica por qué usa palabras como “convencido”, “reconocido”. Porque eso no coincide con aceptar a Cristo por fe. Si de convencer o reconocer se tratara, debería haber aportado algo que convenza, o algo que haya que reconocer.

Esta situación es una constante en los escritos de esa autora, cada vez que llega a un punto donde por fin se puede aprender algo, no explica.

 

La divinidad de Cristo ¿se veía?

 

La evidencia de su divinidad se veía en su adaptación a las necesidades de la humanidad doliente

 

El término: “se veía”, es ambiguo porque depende del observador, es decir, no significa nada.

Cada vez que la autora usaba frases impersonales, era porque necesitaba evitar ser específica. En este caso, evita explicar quiénes eran los que veían esa divinidad.

De haberlo intentado, habría quedado en evidencia que algunos no la veían, y eso pondría en duda todo lo que dijo antes sobre las pruebas inequívocas y las convincentes evidencias.

La biblia dice:

 

Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.” (S. Mateo 13: 13)

 

Dejadlos; son ciegos guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo”. (S. Mateo 15:14)

 

Sin embargo Elena de White pareciera tener su propia versión de los hechos, ella dice: “se veía”.

La clásica explicación adventista ante ese cuestionamiento es: -ellos no lo veían, eso es porque eran ciegos. -Pero sí, se veía-.

La autora también, dice:

 

Incluso quienes juzgaron a Cristo habían recibido pruebas inequívocas de la divinidad de Aquel a quien condenaban a muerte

 

Entonces, cuando Cristo dijo “no saben lo que hacen”, debe haber sido mentira. O tal vez es algo que habría que interpretar.

Había quienes seguían sin saber, a pesar de haber recibido “pruebas inequívocas”, que además “se veían”. Eso sí tendría que haber tratado de explicar.

Otra cuestión llamativa con respecto a esas “pruebas”, o también aquellas “evidencias” de las que habló antes, es que sólo son aplicables a la gente contemporánea a Jesús.

¿Para qué las pruebas? Al parecer, la autora suponía que el mismísimo Cristo no confiaba mucho en el poder de sus propias enseñanzas.

La autora menciona certezas, garantías de salvación, fulguraciones de divinidad, pruebas inequívocas, divinidades que “se veían”, etc. Pero con ninguna utilidad para nosotros.

Antes, había dicho:

 

si no fuera por la Palabra de Dios, no tendríamos ningún conocimiento acerca de que una persona llamada el Señor Jesús jamás visitara nuestro mundo”

 

Si hasta parece una burla, es como si hubiera dicho: ¿y dónde están las pruebas que necesitamos? ¿Para nosotros no hay? Ellos tenían pruebas, pero nosotros no tenemos ningún conocimiento. Menos todavía aquellas fulguraciones de su divinidad que nos garantice la salvación que nos ofrece.

No tendríamos ningún conocimiento”. Eso tal vez lo dijo por descuido, porque así pareciera confesar que ni ella creía en la inspiración divina que decía tener.

Si partimos de la idea de que Cristo siempre se mostró tal cual era, ya no habrían sido necesarias ninguna de esas pruebas, ni garantías ni fulguraciones.

 

En otros escritos, la autora dice:

 

No tomó sobre sí la naturaleza de los ángeles. Su obra no fue el oficio sacerdotal de acuerdo con las designaciones de los hombres. Era imposible para éstos comprender su exaltada posición a menos que el Espíritu Santo la hiciera conocer. En nuestro favor revistió su divinidad con humanidad y descendió del trono real (Alza tus ojos, pág. 65)

 

Entonces, mostró pruebas inequívocas de su divinidad, pero al mismo tiempo ocultó su divinidad. Sin embargo, nadie podía comprender su posición, a menos que le fuera revelado.

La pregunta ahora es, ¿por qué no se ponía de acuerdo con sus ideas antes de escribir?

 

Humildad y condescendencia

 

El artículo continúa diciendo que Cristo: “ocultó su divinidad bajo el manto de la humanidad”.

Ocultó, más o menos, porque a veces fulguraba, otras veces incluso daba pruebas convincentes.

¿Qué quería el Cristo en el que creía la autora? al parecer escribía con la mano y borraba con el codo. Primero adquiere una identidad pública ¿luego la refuta?

Después dice:

 

Elena de White piensa que es importante que entendamos “por qué revistió su divinidad con humanidad, y con mansedumbre y humildad vino al mundo como nuestro Redentor” (A fin de conocerle, p. 38). Al revestir su divinidad con humanidad, Jesús mostró humildad y condescendencia”

 

Más allá del llamativo mal uso de las palabras, esa explicación despierta más interrogantes que respuestas.

Resumidamente dice:

Con humildad y mansedumbre, Cristo vino al mundo como redentor, así mostró humildad y condescendencia.

Es decir: con humidad, mostró humildad. ¿Esas son las cosas que Elena de White consideraba importante que entendamos?

Vino como redentor y así mostró humildad. ¿No habría sido mejor venir con humildad y así mostrar ser el redentor? La pregunta válida, porque así pareciera que sigue diciendo cosas solo porque se le ocurrió.

A esta altura el verdadero interrogante es, por qué el artículo se llama: quiero saber.

La verdad es que nada de eso importa, lo único que necesitan los adventistas para creer lo que sea, es que Elena de White lo haya dicho. Dice que su doctrina se basa en la biblia, hasta eso le creen.

 

Evidencias de su divinidad

 

Mientras estuvo en la tierra, a veces la divinidad fulguraba a través de la humanidad y se revelaba su verdadero carácter

 

Está claro que para la autora, la humanidad de Cristo no era su verdadero carácter, sino algo que servía para ocultar la parte verdadera.

 

Al revestir su divinidad con humanidad, Jesús mostró humildad y condescendencia”.

 

Entonces, revestir y ocultar el verdadero ser, ya no es más orgullo ni vanidad, es humildad.

Tendría que haber explicado por qué creía eso. O al menos, por qué creía que ocultar la verdad habría de mostrar condescendencia. Más todavía teniendo en cuenta que lo hacía de a ratos solamente.

Ni siquiera quedó claro si tenía más ganas de ocultarla, o de mostrar convincentes evidencias.

 

hubo momentos en que la naturaleza divina de Cristo no pudo esconderse”

 

Entonces era eso, hacía lo que podía. “No pudo esconderse”, dice la autora, otra vez recurriendo a una frase impersonal. Claro, no habría quedado bien si decía que Cristo no tenía el manejo de su propia identidad o su apariencia.

Surge un interrogante: si al revestirse de humanidad, mostraba humildad y condescendencia, entonces cada vez que fulguraba su divinidad y mostraba su verdadero carácter, ¿dejaba de mostrar humildad y condescendencia?

Todo indica que así es: su verdadero carácter no tenía nada de humildad. Eso no tendría que haber tratado de explicar, tendría que haberlo pensado mejor.

En otros escritos la autora dice lo siguiente:

 

(María) a veces vacilaba entre Jesús y sus hermanos, que no creían que era el enviado de Dios; pero abundaban las evidencias de la divinidad de su carácter”. (Alza tus ojos, Pág. 70)

 

Ni sus hermanos le creían, aun teniendo abundantes evidencias. Antes había dicho que ni sus discípulos estaban convencidos.

Seguramente Satanás tampoco creía, porque tentó a Jesús para que se aportara a sí mismo pruebas de su divinidad, ignorando que Él ya tenía muchas.

Lo del ayuno, la tentación y todo el resto ¿para qué? Porque al parecer, Cristo no aceptó su divinidad por fe, sino recurriendo a las pruebas. A no ser que ni a sí mismo hayan convencido.

Antes parecía que esas evidencias eran solo para la época de Jesús, pero ahora parece que ni para eso servían, ¿qué función cumplían? Pruebas convincentes que no convencen se llama esto.

La autora le da mucha importancia a que eran abundantes y convincentes, cuando en realidad ni siquiera importaba si había una sola. Debe ser por eso que ya dejó de usarse. Ahora se usa, tener fe.

 

El sacrificio de Cristo

 

La doctrina de Elena de White se parece mucho al nestorianismo, esa doctrina decía que la humanidad de Cristo y la divinidad no estaban realmente unidas, hacían tareas diferentes, y lo más importante, la parte humana no era verdadera parte de Cristo.

 

Cuando Cristo fue crucificado, fue su naturaleza humana la que murió. La Deidad no se debilitó ni murió; eso habría sido imposible”

 

El interrogante ahora es: ¿Para qué resucitó el cuerpo si ya no necesitaría más seguir ocultando su divinidad? ¿Se lo llevó al cielo, o sólo lo mostró un par de veces antes de irse y luego se deshizo de él?

El asunto es que, todo este tema es conocido como interminable, porque tratar de contestar esas preguntas sobre el cuerpo, podría llevar a concluir que María es la “Madre de Dios”, u otras muchas conclusiones más con las que seguramente la autora no estaría de acuerdo.

Deber ser por eso que no quería argumentar con ellos.

Estos cuestionamientos ya se hicieron por siglos, a cada declaración se despiertan mil preguntas, nadie puede explicarlo sin generar más dudas o alguna refutación a lo dicho.

Estos asuntos han dividido iglesias, en otras épocas incluso han generado guerras entre países que se acusaban de paganos. Eso sí fue peligroso.

 

Misteriosamente fusionadas

 

La divinidad y la humanidad se hallaban combinadas misteriosamente, y el hombre y Dios fueron uno sólo

 

ambas naturalezas fueron misteriosamente fusionadas en una sola persona: el Hombre Cristo Jesús. En él moraba toda la plenitud de la Divinidad corporalmente

 

Elena de White llama “misteriosa” a la unión entre Dios y el humano, eso quiere decir que no creía que fuera normal.

 

Se trata, por cierto, de un profundo misterio”

 

Tal vez pensaron que por haber usado los términos: “profundo” y “por cierto”, sería todo más creíble. Deberían haber aprovechado que estaban dispuestos a creer en tan profundo misterio, para creer que Cristo era un ser humano.

Antes había dicho que solo la humanidad murió, pero esa separación entre la divinidad y el cuerpo, a la autora no le pareció misteriosa, para nada.

Entonces, vamos a decirlo con otras palabras, aunque igual ya está más que claro: Según Elena de White, la unión entre el ser humano y Dios, es un misterio. En cambio, la separación es normal.

Ese, es el sueño cumplido de Satanás.

 

El seductor y el anticristo

 

En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo es venido en carne es de Dios; Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo es venido en carne, no es de Dios: y éste es el espíritu del anticristo, del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo”. (1 S. Juan 4: 2-3)

 

Elena de White, separa la humanidad de Cristo de su divinidad y a la parte humana la denomina: falsa.

 

la divinidad fulguraba a través de la humanidad y se revelaba su verdadero carácter

 

La biblia también dice sobre la humanidad de Cristo:

 

Porque han invadido el mundo muchos seductores que no confiesan a Jesucristo manifestado en la carne. ¡Ellos son el Seductor y el Anticristo!” (2 S. Juan: 7)

 

Según la autora, Jesucristo se ha manifestado a través de fulguraciones de su divinidad.

Está claro que Elena de White hubiera dicho algo como: -Cristo no era un hombre verdadero-, no hubiera podido convencer a muchos. Por eso no lo decía directamente, pero lo insinúa cada vez que habla de la divinidad y la contrasta con la humanidad.

A la humanidad, la denomina: “vestimenta”, “manto”, “apariencia o algo que usó para “cubrir” su divinidad, a la cual sí califica de “verdadera”.

Las siguientes son declaraciones están en el artículo, todas hablan de su divinidad, pero ninguna de ellas confiesa que Cristo vino como hombre verdadero. Tampoco dice que Cristo se ha manifestado en carne.

 

Negar la naturaleza divina de Jesús sería incurrir en un engaño lamentable”.

debemos hacer saber a la gente que creemos en Cristo, en su divinidad y en su preexistencia”

Sus enemigos disciernen el error que han cometido y toda lengua confiesa su divinidad”

La divinidad de Cristo debe ser constantemente sustentada”

La certeza de su divinidad garantiza la salvación que nos ofrece”

La divinidad de Cristo es la garantía que el creyente tiene de la vida eterna”.

revistió su divinidad con humanidad”

cubrió su divinidad con humanidad”

ocultó su divinidad bajo el manto de la humanidad”

 

Otros escritos de la misma autora, dicen que Cristo tenía su humanidad sólo como apariencia.

 

De esta manera, ocultó su gloria bajo la apariencia de la humanidad” (Alza tus ojos pág. 41)

 

Jesucristo tomó forma humana para poder abarcar con su brazo humano la raza, mientras se asía con su brazo divino al trono del Infinito” (Mensajes para los jóvenes. Pág. 135)

 

Al revestirse de la naturaleza humana, Cristo eleva a la humanidad.” (El camino a Cristo pág. 12)

 

Los siguientes párrafos, impiden confesar que Cristo fue un hombre verdadero.

 

La divinidad de Cristo debe ser constantemente sustentada

toda lengua confiesa su divinidad”

 

De todo el artículo, solo una parte confiesa que Cristo se hizo hombre:

 

Es verdad que Cristo se hizo hombre, pero esa humillación no debe hacernos dudar de “su divinidad y su existencia antes de que el mundo fuera formado”

 

Se hizo hombre, pero…” Más que una confesión, eso parece una concesión. Además, está hecha por los autores del artículo, que al parecer se han contagiado un poco de la autora cuando dicen: “no debe”.

Es al menos llamativo que en ninguna parte del artículo dice algo como: “no debemos” dejar de confesar su humanidad.

Cada vez que alguien dice algo como: debemos, o no debemos, tendría que tener un objetivo, o una razón.

Por ejemplo: se debe hacer eso, para lograr aquello. Pero si dice: “debemos”, o “hay que”, así en el aire, pareciera manifestar ser dueño de la verdad, como si estuviera hablando Dios en persona.

También dice:

 

-Es verdad que Cristo se hizo hombre, pero esa humillación no debe hacernos dudar de su preexistencia-.

 

En principio, si alguien no cree en la preexistencia, de seguro no es a causa de esa “humillación”, como dice el párrafo, porque tampoco cree que Cristo se haya hecho hombre.

Los que no creen en la preexistencia, creen que Dios se hizo hombre y el hombre era Cristo.

Entonces, cuando dice: “no debe hacernos dudar”, se refería a la gente que ya creía en la preexistencia. Se nota que la preexistencia es una idea tiene elementos que la ponen en duda.

Tal vez porque suponen que Cristo habría podido venir sin tener que nacer. Si podrá volver algún día sin tener que nacer otra vez, también lo podría haber hecho así de entrada.

O tal vez se preguntan por qué no se mostró como príncipe que era, o por qué no mostraba su divinidad, tal vez así habría sido mejor y más convincente.

Si hubiera venido como príncipe, no habría causado tantas confusiones, dudas y creencias peligrosas que socavan la fe y la biblia.

Tal vez no lo hizo así, porque no convenía para la causa. De ser así, entonces demostró saber qué era lo mejor para la causa, no humildad o condescendencia. A no ser que, en su afán de demostrar humildad, también logró generar creencias peligrosas que socavan la fe.

Los que se cuestionan todo eso no tienen respuestas, tal vez eso les hace dudar de la preexistencia.

Se nota que los autores del artículo tampoco tenían la respuesta, por eso solo dice: no debemos dudar, punto. Debe ser por eso que la autora había sido tan categórica en eso, es porque no tenía respuestas.

Sin embargo, ni la autora ni los que hicieron el artículo, han considerado siquiera la posibilidad que la idea de la preexistencia, podría haber logrado también hacerles creer que Cristo no era un hombre verdadero.

 

Al compartir el mensaje con otros, debemos hacer saber a la gente que creemos en Cristo, en su divinidad y en su preexistencia”.

Luego de la resurrección, los apóstoles proclamaron con poder “la divinidad de Jesús” (Los hechos de los apóstoles, pp. 34, 35). La conclusión resulta obvia: “La divinidad de Cristo debe ser constantemente sustentada” (Alza tus ojos, pág. 56).

no debe hacernos dudar de “su divinidad y su existencia antes de que el mundo fuera formado”

 

¿Quién dijo todo eso, Dios? Ni siquiera explica por qué tantos: “debe”.

Dice: proclamaron con poder, obviamente debe ser constantemente sustentada. Pero no es tan obvio que las actividades de los apóstoles deben ser considerados como voluntad de Dios para nosotros.

Lo único obvio en ese párrafo es la falta de correlación entre lo que hicieron los apóstoles, y el deber de hacer saber a la gente que creemos en la preexistencia.

Es como si hubiera dicho: -debemos predicar su preexistencia, porque los apóstoles proclamaron la su divinidad-.

Ni siquiera existe una mínima evidencia que los apóstoles hayan proclamado la preexistencia de Cristo, o que lo hayan hecho “con poder”. Menos todavía, para no caer en el error de negar su divinidad.

 

Conclusiones

 

La verdad, es muy distinta a lo dicho en el artículo: Cristo no tenía un brazo divino y otro humano. Ni metafóricamente, ni espiritualmente.

 

Humildad, no significa ocultar el verdadero carácter.

El verdadero carácter de Cristo jamás estuvo oculto.

La humanidad de Cristo no era un manto, ni cubría nada.

Cristo jamás ocultó nada.

Cristo fue un hombre verdadero.

Cristo jamás ocultó su divinidad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario