domingo, 15 de abril de 2012

Apariencias. Enseñanzas del libro: Mensajes para los jóvenes.


Los siguientes párrafos pertenecen al libro: Mensajes para los jóvenes, de Elena de White, profeta de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

La autora enseña cómo debe ser el comportamiento y la vestimenta de un cristiano.

 

1 Peculiares

 

Nuestra fe, llevada a la práctica, nos inducirá a ser tan sencillos en el vestir y celosos de nuestras obras, que seremos considerados peculiares”. (pág. 351)

 

La mayoría de las congregaciones religiosas entienden que las enseñanzas bíblicas con respecto a las apariencias, están destinadas a evitar la vanidad, la falsedad y el orgullo. Pero la autora pareciera haberse ido al lado opuesto, como si fuera bueno ser distintos a todos los otros.

Si buscan ser sencillos, deberían lograr ser considerados sencillos, porque pertenecer al grupo de peculiares, podría ser un perfecto reemplazo al orgullo que, justamente están tratando de evitar.

 

Después dice:

 

Pero cuando perdemos el gusto por el orden y la prolijidad en el vestir, dejamos virtualmente la verdad, pues la verdad nunca degrada, sino que eleva”. (pág. 351)

 

Si por perder el gusto por el orden se pierde la verdad, entonces también se perderá aquella fe inductora de sencillez. O peor aún, conservará la fe pero pasará a ser falsa. Entonces con solo perder la prolijidad, se convertirá en un cristiano falso que ni siquiera se dará cuenta de su condición. Eso es porque también perderá la verdad.

Podría llegar a pasar que alguien mezcle por error, sencillez en el vestir con mal gusto, así creerá que tiene fe inductora de sencillez, cuando en realidad solo se viste mal, pero tampoco se dará cuenta, no sin la verdad. Tendrá que venir alguno, que tenga buen gusto y que le ayude a vestirse bien, o al menos que le diga lo que está pasando.

Primero dice que la verdad eleva. Después dice que el mal gusto le hace perder la verdad. Se nota que la verdad eleva de todo, menos el buen gusto.

 

Cuando los creyentes son descuidados en su manera de vestir y toscos y rudos en sus modales su influencia perjudica la verdad” (pág. 351)

 

Perjudica la verdad, seguramente significa que también afecta a los otros. Los modales de algunos, tienen una influencia más fuerte que la verdad que poseen los otros. Habrá que tener en cuenta eso y evitar a los toscos y descuidados.

El problema está en que si eso fuera verdad, solo tendría que aparecer uno así y lograría perjudicar a todos. A no ser que hayan encontrado una forma de evitarlo.

Antes había dicho: la verdad eleva. Qué lástima que no explicó qué es lo que eleva, porque hasta ahora solo vimos cómo se la puede afectar.

Podrían aprovechar para dejar que cada uno se vista como quiera, para que funcione como indicio, así al menos podrían ir viendo quiénes son los que tienen la verdad y quiénes no. Entonces, cada vez que aparezca uno mal vestido, se toma nota y luego se le convoca para tomar las medidas al respecto.

Todas estas enseñanzas tienen algo en común, por más confuso que esté todo es posible de hacerse sin problemas, ni siquiera hace falta tener fe, solo hay que vestirse bien y listo.

Eso puede hacerse sin conocer esa verdad. Al menos nadie lo notará.

 

2 Nuestra fe

 

La apariencia exterior es frecuentemente un índice de lo que es la mente, y deberíamos cuidar lo que exponemos para que el mundo juzgue nuestra fe”. (pág. 344)

 

Lo que dice este párrafo confirma la idea anterior, todo era para que no se note la falta de fe, con la diferencia que ahora lo admite abiertamente. Igual ya estaba bastante claro.

Sin embargo, el resultado de cuidar lo que exponen para que los otros juzguen su fe, será que todos terminarán dando la misma impresión, incluyendo a los cristianos falsos que seguramente habrá en la iglesia de la autora.

Entonces el “mundo”, terminará juzgando mal, lo cual convertirá a todo eso en un despropósito. Además, los mundanos, a esta atura ya deben estar sospechando que en una iglesia, por más verdadera que sea, también hay falsos por más que se vistan todos iguales.

Entonces, los falsos cristianos que van a esa iglesia, cuidarán lo que exponen y por eso nadie se dará cuenta de su condición, pero los mundanos son los otros. Excelente.

La autora llama: “mundo”, a todo lo que no sea perteneciente a su iglesia. En este caso, a la gente. Ese es un prejuicio más que van adquiriendo sus seguidores.

La pregunta es simple: ¿por qué en vez de cuidar lo que exponen, no cuidan lo que tienen en la mente? Lo otro será entonces una consecuencia. Seguramente porque aparentar es más fácil y más rápido, pero por sobre todas las cosas, aparentar es posible.

 

3 Impresión falsa

 

Nunca debemos dar al mundo la impresión falsa de que los cristianos son un pueblo lóbrego y triste”. (pág.402)

 

Otra vez usa la palabra: “mundo”, para referirse a los otros.

No debemos dar una impresión falsa, dice. Pero sabemos que el pueblo de Dios no es lóbrego ni triste. Entonces el párrafo no enseña mucho, ya que sólo habría que actuar naturalmente.

Pero no, porque la autora estaba hablando de quienes asisten a su iglesia, pero no tienen una vida social activa y terminan dando esa mala impresión.

 

Vea el mundo, que no estamos egoístamente absortos en nuestros propios intereses” (pág. 402)

 

El planteo sigue siendo el mismo: ¿están egoístamente absortos a tal punto de dar la impresión de ser lóbregos? Suponiendo que no, entonces sigue sin decir nada. Seguramente algunos sí están, eso quiere decir que la impresión no era falsa, era real.

Debe ser algún mal propio de esa congregación, porque un cristiano verdadero no se comporta de esa manera. Aun así, en vez de arreglar eso, tendrán que hacer algo para que no se note.

¿Cómo puede alguien dar una falsa impresión de estar egoístamente absorto en sus intereses? Se está o no. La única manera sería haciendo algo bueno por el otro, sin que ese otro se dé cuenta. Se nota que la autora no quería que lo hicieran así.

“Vea el mundo”, dice la autora, como si esos egoístas no fueran también mundanos. Es ahí donde esa confusión de términos cumple su función: hacer creer que los mundanos son otros.

Antes había dicho:

 

La apariencia exterior es frecuentemente un índice de lo que es la mente”

 

¿De verdad lo creen, o solo esperan que los otros lo crean? Porque la única forma de tener éxito aparentando, es que los otros lo crean.

Pero suponiendo que sea verdad que la apariencia indica lo que es la mente, entonces no podrán nunca dar una impresión falsa. No les quedará otra más que empezar a actuar correctamente, o la gente se dará cuenta de todo.

Pero podría haber una explicación, la autora sabía que estaban absortos, pero no lo quiso decir directamente para no ofender a su gente, por eso rebuscó tanto las palabras.

Sin embargo, para referirse a los de afuera sí dice cosas directamente, por ejemplo:

 

Por todas partes prevalece una extravagancia corruptora, y las personas se dirigen a la ruina a causa de su amor a la vestimenta y la ostentación.”

 

degradación del mundo en lo que se refiere a la moda” (pág. 357)

 

A esos absortos egoístas, también les quedaría bien el término: “extravagancia corruptora”, porque de seguro también están causando algún tipo de “degradación”, dentro de las iglesias.

 

4 Una buena apariencia

 

Muchos se engañan al pensar que una buena apariencia y un atavío llamativo les conquistarán la consideración del mundo”. (pág. 343)

 

Puede ser que la idea esté mal expresada, porque ese no es un pensamiento engañoso, es real. Tal vez quiso decir que, tratar de ganarse la consideración del mundo, es una idea engañosa para un cristiano.

De ser así, eso refuta todo lo que vino diciendo hasta ahora. Primero, había que instarlos a que juzgaran la fe por la vestimenta, incluso era posible llegar a ser considerados peculiares. También había que cuidar lo que se expone, pero ahora ni siquiera hay que dar una buena apariencia.

La autora podrá juzgar y calificar a todo el mundo por su manera de vestir. Podrá llamar “extravagancia corruptora” a la moda, sentenciar su forma de vestir como “degradación del mundo”. Pero le guste o no, así funciona la sociedad.

De manera que, si la forma de vestir de alguien no va conforme a sus costumbres, no serán considerados “peculiares”, serán considerados inaceptables, tanto como ellos lo son para la autora. Es decir que, en eso no son tan diferentes.

Lo primero que van a juzgar será su actitud, no su fe. Le llamarán mal vestido, desubicado, inapropiado, impresentable, mal educado.

Luego, cuando se enteren que eso tiene que ver con su fe, o mejor dicho, con su doctrina, dirán: arrogante y altanero, busca ser diferente, se cree superior, que iglesia más rara.

Algunos le preguntarán ¿Por qué son así? Otros dirán que eso no es fe, es estupidez. No todos lo dirán, pero casi todos lo pensarán.

La autora también dice:

 

Satanás está siempre inventando modas”

hasta el punto de constituir una de las señales de los últimos días” (Pág. 357)

 

Lo lamentable de todo esto, es que ni siquiera menciona la idea, ni la posibilidad siquiera, que algunos de esos que se visten con ropas sencillas, también pudieran estar tratando de aparentar para ganarse la aprobación de los demás, o de la autora, o de Dios. O peor aún, para evitar ser merecedor de todo ese reproche.

Tal vez creyó que a Satanás no se le pudiera ocurrir inventar una situación como esa.

 

5 Dios quiere algo a cambio

 

Dios quiere algo a cambio de este gran sacrificio que ha hecho a favor de ustedes. Quiere que sean cristianos no sólo de nombre, sino en su manera de vestir y conversar”. (pág. 344)

 

El interrogante es, qué pasa si no le dan lo que pide a cambio, ¿serán salvos igual? La respuesta, seguramente es: no.

Eso quiere decir que Dios no les dejará entrar al cielo a los mal vestidos, entre otros seguramente. Debería haberlo dicho así y listo.

Por otra parte, no hay cristianos -solo de nombre-, si dicen ser cristianos y no son, entonces son falsos. La autora le dice a su gente que tienen que aprender a conversar, pero no sabía expresarse, así solo va a terminar confundiendo.

La idea de este párrafo es la misma de antes, con tan solo hacer lo que la autora pide, nadie notará si es cristiano falso, porque hablará y se vestirá como si fuera verdadero, por pedido de Dios. O no será salvo.

A diferencia de los otros párrafos, esto sí lo hacen. Hasta el párrafo anterior, venía diciendo cosas que seguramente nadie le da mucha importancia, pero esto sí. Puede que no lleguen a creer que su forma de conversar vaya a convertirles en cristianos verdaderos. Pero sí creen que es algo que Dios requiere, porque la autora lo dijo.

 

6 Mentira viviente

 

La vida de las nueve décimas partes de los que son devotos de la moda, es una mentira viviente. Diariamente practican el engaño, el fraude, pues quieren aparentar lo que no son”. (pág. 357)

 

Qué lástima que no explicó si eran nueve de cada diez personas, o nueve partes de cada una, porque sería bueno saber cómo hizo el uno que faltaba para no ser esa mentira.

 

Teniendo ante nuestra vista el cuadro de la degradación del mundo en lo que se refiere a la moda, ¿cómo se atreven los cristianos profesos a seguir la senda de los mundanos? (pág. 357)

 

Como se atreven pregunta la autora, como si hiciera falta ser atrevido para vestirse a la moda. Pero claro, en realidad no era una pregunta sino un reproche, o incluso una amenaza.

Mejor hubiera enseñado cómo se hace para volver, porque una sola contra nueve de sus partes, es mucha desventaja. Para colmo, si volvieran a vestirse sencillos, los de afuera no les van a creer, porque ahí sí van a decir que están aparentando lo que no son. Aunque lo más probable es que lo digan igual, sin que tenga que pasar todo eso.

Antes, a la gente de su congregación que no se vestía bien, le llamó: “cristiano solo de nombre”. Ahora, para referirse a los de afuera dice: “mentira viviente”. Los cristianos solo de nombre también son mentiras vivientes, pero se nota que otra vez no quiso usar frases ofensivas con su propia gente.

O tal vez no quería admitir que había cristianos falsos en su congregación. Más bien no quería que se notara.

Tampoco usó las palabras: engaño y fraude, para referirse a los absortos egoístas antes mencionados. Entonces dijo: impresión falsa.

Claro que la palabra “fraude” no habría sonado bien para referirse a los miembros de su iglesia, a pesar de estar haciendo lo mismo que los otros: aparentar lo que no son.

Podría haber aprovechado para no usar frases ofensivas con los otros también, a ver si así al menos mostraba algo de tolerancia.

Esos, a quienes la autora califica de “mentiras vivientes”, quieren aparentar lo que no son, pero lo hacen por ignorancia. Además, eso no se refleja solo en la moda, sino en todo el resto también, porque ni ellos mismos saben quiénes son. Así son todos los que no tienen a Cristo.

Entonces, decir que practican el fraude es injusto, porque así dicho no parece ignorancia.

También es injusto llamarles “devotos de la moda”. Se visten así por una razón elemental: para ser aceptados. Los miembros de su iglesia, le guste o no a la autora, también son así. El ser humano si no es aceptado, se muere socialmente, o laboralmente, espiritualmente, o incluso literalmente.

Entonces, el que viste con ropas sencillas también podría ser una “mentira viviente”, a fin de ser aceptado en su grupo religioso al que pertenece.

O peor aún, para no ser rechazados por su propio grupo, o para no merecer el título de cristiano “solo de nombre”, o cualquiera de los otros términos despectivos que usó la autora.

Los otros podrían llegar conocer a Cristo algún día y así dejar de ser esa “mentira viviente”. Pero a estos ¿cómo se hace para darles a conocer la verdad? si ya creen haberla encontrado.

 

7 Sencillez en el vestir

 

No habrá mejor modo de hacer brillar su luz en bien de otros que por la sencillez en el vestir y en la conducta”. (pág. 346)

 

Si bien, “no habrá mejor modo”, pudo ser solo una expresión, igual habría que aclarar que sí es posible encontrar mejores formas que esa.

Esa exageración en los términos que utiliza, es solo un indicio más de los mucho que le molestaban las modas, tanto como las diversiones.

 

Esta locura por seguir las modas variables del mundo debería hacer surgir un ejército de reformadores que se pongan de parte de un atavío sencillo”. (Pág. 357)

 

Si forman un ejército para combatir la forma de vestir de los demás, no podrán evitar caer en la soberbia de no creerse parte del grupo que están combatiendo.

Creer no pertenecer a una clase determinada de personas y así manifestarlo vistiéndose de forma distinta, es una soberbia también. Será una soberbia que intentará sin éxito ser distinta a la que están rechazando.

Debe ser por eso que no lo hicieron así, tal vez encontraron otros métodos para brillar ante los demás. Ahora solo nos queda saber cómo hacen para creerle a la autora y al mismo tiempo no hacer lo que dice. Aunque en realidad eso no es tan difícil.

Ante este planteamiento, los adventistas contestan: -no, lo que pasa que en esa época -se creía- que Cristo vendría muy pronto y por eso no había que distraerse mucho en cosas mundanas. “Se creía”, es para no admitir que la autora lo decía y todos le creían.

Una de dos, o ya no creen que Cristo vendrá tan pronto, o ya no creen que las modas sean locuras dignas de ser combatidas. Pero una cosa es segura, siguen creyendo todo el resto.

 

8 La moda (párrafo resumido)

 

¿Cómo puede el que alguna vez ha probado el amor de Cristo, satisfacerse con las frivolidades de la moda? Apenas pueden ser distinguidos del incrédulo”. (pág. 353)

 

De entrada, nadie puede distinguirse de los incrédulos. Sin embargo, otra vez eso podría ser solo otra exageración, cuando antes rebuscaba las palabras para no ofender, ahora pareciera que estaba tratando de humillarles para que hagan lo correcto.

Pero no, porque es justamente lo contrario, cuando dice: cómo puede ser, los que han probado el amor de Cristo, en realidad estaba evitando decirles así tan crudamente que ellos no han probado el amor de Cristo y por eso se satisfacen con frivolidades.

El único problema está en que algunos terminarán creyendo que sí es posible distinguirse de los incrédulos. Por eso, en su afán de ser distintos, terminarán creyendo cosas que no son, tal como lo hacen ellos.

Además, la reprimenda será contraproducente, porque logrará que se vistan correctamente y por eso ya nadie se dará cuenta si son incrédulos. Ni siquiera la autora podrá hacer nada por ellos. Eso es porque el método de aparentar, funciona.

Tampoco podan evitar compararse con los que se visten a la moda. Así quedarán satisfechos con ellos mismos como creyentes sencillos, después de haber considerado a los otros como frívolos.

Aunque lo que más llama la atención es que haya dicho: apenas. Es decir, un poco se distinguen, pero con un poco ya alcanza, tampoco se puede ser tan distinto.

Qué lástima que no explicó qué parte hace la distinción, pero debe ser por aquella décima parte que nunca dijo cuál era, pero de seguro tiene que ver con el “carácter”.

 

9 La línea de demarcación (resumido)

 

Los cristianos son fieles en su trato con sus hermanos y con el mundo. En su vestido evitan lo superfluo y ostentoso. La línea de demarcación entre una clase tal y el mundo será demasiado clara para ser confundida”. (pág. 347)

 

Otra vez: “mundo”, significa la gente que no pertenece a su iglesia. ¿Creía la autora que esa línea divisoria existía? Antes parecía que era solo una forma de expresarse, pero al parecer, de verdad lo creía.

Deténgase un adventista en una esquina céntrica a observar a las personas que pasan y cuente cuantos crédulos ve pasar, a ver si puede.

O mejor aún, podría ubicarse estratégicamente en la puerta de su iglesia e ir anotando quiénes son los mundanos que van entrando al culto. Así, luego podrían juntarse y hacer algo hacerles conocer la verdad de Dios.

Antes, había dicho:

 

Apenas pueden ser distinguidos del incrédulo”. (pág. 353)

 

El problema acá es el mismo que antes, puede ser que logren distinguirse de los de afuera con el “trato” que ahí menciona. Sin embargo, después no pueden distinguirse entre ellos, por eso terminan creyendo que no son incrédulos. Los de afuera tampoco pueden distinguirlos, por eso terminan creyendo que son todos iguales.

De todas maneras, no habrá que preocuparse demasiado, la buena noticia es que hay gente que no se deja engañar por las apariencias.

 

10 Diversión mundanal

 

Algunos pueden entrar en el salón de bailes y participar de todas las diversiones que proporciona. Otros no pueden ir hasta allí, pero pueden asistir a fiestas de placer, picnics, espectáculos y otros lugares de diversión mundanal, y el ojo más avizor no alcanza a discernir diferencia alguna entre su apariencia y la de los incrédulos”. (pág. 372)

 

Entonces, en los espectáculos de diversión mundanal nadie podrá distinguirlos, se nota que los adventistas son expertos en camuflarse. Al menos es lo que dice ahí.

La pregunta es ¿habrá un lugar donde sí pueden distinguirse? Porque lo más probable es que en todas partes les pase lo mismo. Ni siquiera en la iglesia pueden distinguirse de los que no asisten a esos lugares.

Eso mismo dice el siguiente párrafo, aunque ni falta que hacía:

 

Pero Satanás se presenta inadvertidamente y trabaja disfrazado a través de los hijos de la desobediencia que hacen profesión de piedad”. (Mensajes para los jóvenes, pág. 50)

 

No sabemos si estos son los mismos que van a los espectáculos, podrían ser que sí, pero no importa, lo único que necesitan es estar camuflados, así ya nadie los notará.

“Disfrazados”, dice, aunque camuflados suena mejor.

Entonces, los “disfrazados” de piedad, asisten a las actividades de la iglesia, reuniones, campañas de evangelización y a otras. Sin embargo, el ojo avizor ese, no puede distinguirlos de los verdaderos.

Al final parece que no avizora nada, y eso que es el más avizor.

El asunto principal acá es que todo esto es logro de la autora ¿Pero ahora se queja? Primero quería distinguirse de los de afuera, no lo logró del todo, algunos salen camuflados.

Después, logró que los de adentro sean todos iguales, mezclados con los que están disfrazados haciendo daño. Pero ahora de eso también se queja. ¿Pero entonces qué quería la autora?

Aparte de eso, ¿qué pasó con el ojo ese, todavía se usa? Tal vez paso de moda. Igual no veía mucho.

 

11 El carácter

 

La sencillez en el vestir le dará a la mujer sensata la mejor apariencia. Juzgamos el carácter de una persona por su manera de vestir”. (pág. 351)

 

El problema con esta enseñanza es que ahora las insensatas ya saben cómo hacer para que no se les note. ¿Cómo le juzgamos entonces?

Algunos dirán: se nota que las insensatas también pueden tener una buena apariencia.

Otros dirán: por su sencillez en el vestir, la insensata cree que aparentará tener un buen carácter.

Otros dirán: será insensata, pero al menos es sencilla.

Sin embargo, los que le creen a la autora dirán: seguro que es una mujer sensata, eso lo demuestra con su sencillez en el vestir. Aunque lo más probable es que a las insensatas ni siquiera les importe que se les note, así son las insensatas.

Sin embargo, otros harán lo que dice la biblia:

 

No juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados”. (S. Lucas 6: 37)

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