domingo, 28 de julio de 2013

Ángeles y predicadores


Los siguientes párrafos, fueron extraídos de libros escritos por Elena de White, profeta de la Iglesia adventista del séptimo día.

Según la autora, Dios podría haber encomendado el mensaje del Evangelio a los ángeles, pero quiso hacernos colaboradores con él, para que participásemos de la bendición que resultan de este abnegado ministerio. Por eso, pide a los fieles de su iglesia a que salgan a evangelizar para no ser hallados culpables de indolencia


El egoísmo y la indolencia

 

Los que podrían haber ejercido su influencia para salvar almas, si hubieran seguido el consejo de Dios y que en cambio han dejado de cumplir su deber por causa del egoísmo y la indolencia, o porque se avergonzaban de la cruz de Cristo, no solo perderán su alma, sino que tendrán sobre sus vestiduras la sangre de los pobres pecadores. A los tales se exigirá cuenta del bien que podrían haber hecho si se hubiesen consagrado a Dios, y que no hicieron por su infidelidad” (Mensajes para los jóvenes pág. 202)

 

Pobres pecadores….

 

Esa última expresión, muestra claramente la verdadera intención del párrafo: meter culpa. Victimizar a los unos, siempre mete culpa a los otros.

¡Pobres pecadores! dice, quitándoles un poco de culpa para después trasladarla a los perezosos que no evangelizan.

Aun después de decirles que perderán sus almas, la autora creyó necesario también amenazarles con esa sangre, como señal de culpa. Como dice un refrán: -a veces, demasiado no es suficiente-.

Pero la autora disimula esa amenaza poniendo a Dios en la situación, quién al parecer estará tan disgustado con ellos, que con el rostro airado y mostrándoles los dientes, los mandará al infierno junto a los “pobres pecadores”, que a esta altura ya empiezan a dar un poco de lástima.

Por otra parte, no dice nada de los que no son perezosos. Aparentemente, los que sí evangelizan, aun si lo hacen en otra parte, o allí mismo pero sin éxito, no serán manchados con esa sangre. Seguramente, eso es por haber hecho todo lo que estaba a su alcance en la tarea evangelizadora.

El asunto es que, todo esto nos pone en una situación particular: hay una idea bíblica que dice que un cristiano verdadero no puede dejar de evangelizar. La autora también comparte esta idea:

 

Cuando el amor de Cristo está guardado en el corazón, como dulce fragancia no puede ocultarse. Su santa influencia será percibida por todos aquellos con quienes nos relacionemos”. (El camino a Cristo, pág. 68)

 

El interrogante es ¿qué clase de santa influencia poseen los de la fragancia, si ni siquiera pueden influenciar a esos indolentes que están en su misma iglesia, algunos incluso sentados juntos en los templos? Seguramente dirán que no se dejan influenciar, o no van a cambiar.

Pero entonces, personas así, imposibles de influenciar, que no van a cambiar, que son falsos cristianos. ¿Tienen la influencia para evangelizar a otros pecadores?

Evidentemente no, ni siquiera conocen el amor de Cristo.

 

Los que han probado realmente las dulzuras del amor redentor no quieren ni pueden descansar hasta dar a conocer a todos los que se relacionan con ellos, el plan de la salvación”. (Mensajes para los jóvenes pág. 203)

 

Evidentemente tampoco han probado realmente esas dulzuras.

Sin embargo Elena de White les reprocha por no utilizar algo que en realidad no tienen y por no haber hecho una tarea que no pueden hacer. Asume que tienen todos los elementos para consagrarse y no lo hacen. Si recurre a la amenaza para convencerles, es evidente que ya no tenía otro recurso.

A ellos les dice:

 

han dejado de cumplir su deber”

 

Menos mal que han dejado de cumplir con su deber, peor sería que en su afán de no perder su alma, salieran a evangelizar. Habrían distorsionado tanto el mensaje cristiano, que los que no conocen a Cristo hubieran salido corriendo tan lejos como fuera posible, de ellos y de cualquier otra iglesia cristiana por considerarlos todos iguales.

O peor aún, hubieran influenciado a muchos convirtiéndolos también en falsos como ellos. Habrían influenciado y pervertido hasta a los verdaderos cristianos que están en su iglesia.

La autora como siempre, en esta situación ha puesto las cosas muy en orden, dice que hay dos grupos de cristianos. Los consagrados que cumplen con su deber, esos no van a ser manchados con esa sangre.

Los no consagrados, son haraganes, egoístas, no evangelizan y por eso perderán sus almas.

Sin embargo, hay un tercer grupo, son los falsos consagrados, por decirlo de alguna manera. Esos son los que, conmovidos por el mensaje de la autora, o temerosos de perder su alma, se esfuerzan en extremo todos los días para influenciar bien a los demás.

Quieren ir al cielo, para salvarse del infierno. Predican la palabra, no por el prójimo, sino para eludir el reproche proveniente de la autora y la culpa que le correspondería si no lo hicieran.

 

se exigirá cuenta del bien que podrían haber hecho”

 

La pregunta ahora es ¿los verdaderos consagrados, no pueden hacer nada por estos tampoco? Porque por los otros, ya vimos que no pudieron. No pueden porque de seguro ni siquiera pueden distinguirlos de los verdaderos consagrados.

Entonces, la iglesia de la autora, debe estar llena de gente así, pero nadie dice nada porque seguramente nadie se da cuenta. Qué lástima que la autora no explicó cómo se pone orden a esa situación.

Incluso puede ser que los de la fragancia antes mencionados, eran así también. Eso explicaría el hecho de que no pueden evangelizar bien ni a los falsos cristianos que tienen en su propia iglesia.

Ellos mismos pueden ver que no tienen éxito, pero como se vio antes, no importa. Alcanza con aplacar esa culpa después de hacer todo lo que está a su alcance, que seguramente es poco o nada para influir en esos indolentes.

Está claro que toda esta enseñanza no era solo para aquellos perezosos como dice el párrafo, sino para los miembros de su iglesia de la actualidad, lectores de estos escritos, para que se pongan a trabajar por la causa.

Pero hay otro grupo más, que la autora tampoco tuvo en cuenta. Son esos jóvenes que crecen sin amor o sin valores, en ambientes de abandono, desamparo, persecución, abuso, desnutrición, etc. Alguno de esos habrá en la congregación de la autora también.

Esos no están en condiciones de influenciar bien a nadie. Necesitan ayuda, no reprimenda, son necesitados, no indolentes.

Sin embargo, esta enseñanza les ha puesto en el grupo de los “no consagrados”, para colmo les dice:

“si fueran correctos”, “han dejado de cumplir con su deber”, “perderán su alma”.

¿De verdad?

 

Ángeles predicadores

 

Dios podría haber encomendado el mensaje del Evangelio, y toda la obra del ministerio de amor, a los ángeles del cielo. Podría haber empleado otros medios para llevar a cabo su obra. Pero en su amor infinito quiso hacernos colaboradores con él, con Cristo y con los ángeles, para que participásemos de la bendición, del gozo y de la elevación espiritual que resultan de este abnegado ministerio”. (El camino a Cristo pág. 70)

 

Dios no le asigna esa tarea a los ángeles para que los redimidos reciban la bendición, dice la autora. Claro está que si no lo hacen, perderán su alma y todo lo que dijo el párrafo anterior.

Antes vimos que los indolentes serán castigados por culpa de otros, ahora la situación es parecida, habrá pecadores que irán al infierno por no haber sido evangelizados. Eso sin mencionar a las víctimas resultantes de las andanzas de esos “pecadores”.

Habrá asesinatos, guerras, persecuciones y niños con hambre. Todo eso para que los redimidos no se pierdan el gozo y la bendición. ¿Es que no midió Dios las consecuencias de su decisión?

Mejor hubiera sido encomendar nomás esa tarea a los ángeles. Además, es una actitud demasiado egoísta de parte de los verdaderos cristianos, permitir que la mayor parte de la humanidad sufra sólo para recibir un par de beneficios.

Sabemos que tendrán una recompensa futura ¿no les alcanza con eso? Si a los otros llamó “indolentes”, a estos ¿cómo llamaría? Porque egoístas e indolentes también les podría quedar bastante bien.

Si hasta parece un despropósito, porque más de uno se estará sintiendo culpable o incluso poco bendecido por aprovecharse de la existencia de las pobres víctimas para su propio beneficio.

Dada toda esa situación, y teniendo en cuenta que los redimidos serán todos esos que estén dispuestos a dar su vida por los demás, habría que proponer algo distinto, algo nuevo. Renunciar a la bendición al gozo y la elevación espiritual resultantes de la evangelización.

Que todos los cristianos unidos pidamos a Dios en oración que nos otorgue ese pedido. No importa si nos quedamos sin la bendición, o incluso sin la vida, la próxima vez que nos reunamos en algún lugar de adoración y desde entonces pidamos:

Que vengan los ángeles, o que se usen esos otros métodos para así salvar a los pecadores y a sus víctimas.

Ahora, suponiendo que vinieran: ¿evangelizarían a más gente, a todos, o solo a los mismos que ahora? De ser mayor la cantidad, definitivamente estaríamos ante una muy mala decisión de Dios.

De ser la misma cantidad, pero con la desventaja de que no habrá bendición ni elevación, entonces está bien que no vengan, aunque eso estaría poniendo en duda lo dicho por la autora:

 

podría haber encomendado a los ángeles

 

Podría, más o menos, más bien no podría ¿por qué lo habrá dicho? Que explique bien, queremos saber.

En la misma página del libro, la autora dice:

 

Y el esfuerzo por hacer bien a otros se tornará en bendiciones para nosotros mismos. Este fue el designio de Dios, al darnos una parte que hacer en el plan de la
redención”.
(El camino a Cristo, pág. 70)

 

La autora debería haber tenido en cuenta que haber dicho “este fue el designio de Dios”, en el mismo párrafo donde está hablando de los necesitados, deja a estos como parte de sus designios.

Cuando dice que Dios nos ha dado -una parte en el plan de salvación-, eso quiere decir que toda la maldad y el hambre que hay en el mundo, también son parte de un plan en el que todos participamos. Eso incluye el futuro castigo a los indolentes.

Si Dios no pudiera hacer nada al respecto, todavía, pero dijo que podría haber enviado a los ángeles.

Antes insinuó que los que se esfuerzan en hacer bien en los otros, no serán culpables, no importa si lo logran. Ahora, lo dice de frente.

 

Y el esfuerzo por hacer bien a otros se tornará en bendiciones para nosotros”

 

Antes había amenazado a los indolentes con ser hallados culpables. Ahora les promete beneficios a los que ayudan a otros. Esa es una típica enseñanza de la autora, premio y castigo; promesa y amenaza; elogio y reproche.

La pregunta que surge es, ¿no podrían hacer algo para beneficiarse después, cuando estén en el cielo?

A esta altura, los ángeles también ya podrían haber hecho algo para ver si mejoran su forma de evangelizar, una evangelización que incluya bendición y gozo. Al parecer no pueden. A no ser todo lo que dijo de los ángeles sea otro supuesto que utiliza la autora para convencer a sus fieles que salgan a evangelizar.

 

Los ángeles leales

 

Elena de White, en otros escritos, nos cuenta una situación muy particular acerca de esos mismos ángeles.

 

Si Satanás hubiera sido inmediatamente destruido, los ángeles y seres de otros mundos habrían servido a Dios por temor antes que por amor”. (La gran esperanza, página 11)

 

Le habrían temido a Dios, aún con Satanás destruido. Entonces debe ser por eso que no les envía a evangelizar, solo hay que imaginarse lo que le deben temer a Satanás, sabiendo que anda suelto por el mundo.

El siguiente párrafo nos cuenta un poco más de la situación.

 

Satanás es un engañador. Cuando pecó en el cielo, ni siquiera los ángeles leales alcanzaron a discernir plenamente su carácter. Esta es la razón por la cual Dios no lo destruyó de inmediato. Si lo hubiera hecho, los ángeles santos no habrían comprendido la justicia y el amor de Dios. Una duda acerca de la bondad de Dios habría sido como semilla del mal que habría producido el amargo fruto del pecado y la miseria”. (Alza tus ojos. pág. 75)

 

Es decir que, la duda acerca de la bondad de Dios, la semilla del mal, el amargo fruto del pecado y la miseria, e incluso el temor que antes mencionó, podrían existir sin Satanás. O peor, sin Satanás esos males habrían quedado para siempre.

Entonces fue por eso que no lo destruyó, no era para que los ángeles comprendieran el amor, como dijo.

Los ángeles no conocían la justicia y el amor de Dios, entonces era por eso que no conocían el carácter de Satanás, no era porque “Satanás es un engañador”. Quienes no conocen la bondad, tampoco pueden reconocer la maldad.

Seguramente los rebeldes tampoco sabían. ¿Por qué la autora no dice de entrada como fueron las cosas? Así no hay que estar haciendo tantas deducciones.

Ni siquiera tenían fe. Si hubieran tenido, Dios podría haberles dicho que Satanás no era buena compañía y le habrían creído. Pero no, aparentemente solo creen en lo que ven. O ni siquiera eso, porque al parecer, el miedo que tenían era tal, que distorsionaba su capacidad de percepción.

Todo eso quiere decir que los leales no pudieron tener otros motivos para quedarse del lado de Dios más que el servilismo, costumbre, pereza o incluso inercia.

Pero una fidelidad así, tan raquítica y afectada por cuestiones externas a la propia libertad, hace dudar de esa fidelidad. Si hasta es posible que muchos de los ángeles que ahora están de parte de Dios, hayan sido fieles por equivocación.

Seguramente eso por eso no les dio la tarea evangelizadora. De haberlo hecho, posiblemente ellos mismos hubieran hecho el trabajo de hacer caer al hombre en pecado.

 

Esta es la razón por la que Dios no lo destruyó de inmediato”

 

No lo destruyó porque la semilla de la duda ya estaba plantada. Es decir, no lo destruyó de inmediato porque ya era tarde. Parece un chiste, pero es lo que ahí dice.

Aparentemente Dios no pudo prever la existencia de Satanás, no pudo prever su influencia, ni mucho menos evitarla. No pudo evitar el escalofriante temor angelical imperante, ni la inminente rebelión. Lo único que pudo evitar fue el futuro servilismo que altivamente ostenta haber previsto.

No queda claro si la autora se burlaba de sus lectores, o pasaban otras cosas que tampoco quiso contar.

Entonces, el plan para lidiar con la rebelión era simple, dejó que los ángeles elijan de qué lado querían estar, aunque sin que supieran bien lo que estaban eligiendo, después recién les dijo quién eligió bien y quién no. Eso es histérico, debería haber avisado antes, no después.

Es como si deliberadamente hubiese dejado que cometan los errores, solo para tener la oportunidad de echarles del cielo y cargarles con toda la culpa para que se la lleven.

 

Ni siquiera los ángeles leales alcanzaron a discernir plenamente su carácter”

 

Teniendo en cuenta que en el cielo había como una especie de inconsciente colectivo, donde sus habitantes no discernían el entorno en el que estaban, donde había más miedo que amor, de haber presenciado la destrucción de los rebeldes, les habría agarrado una especie de síndrome de Estocolmo que hasta hoy les habría impedido conocer la verdadera naturaleza del amor de Dios.

Seguramente habrá tenido la precaución de no decirles que los otros fueron al infierno, donde seguramente no deben estar cantando el rap del exilio. De haberse enterado de eso, habrían quedado paralizados por el pánico.

Así no habrían comprendido nunca el amor de Dios, por considerar que la inmediata destrucción hubiera sido más piadosa. Vaya estrategia, por no querer que los ángeles le teman, se quedó con los temerosos. Seguramente fue porque no le quedaba otra, los otros se habían revelado.

La verdad es que si Dios se vio en la necesidad de tomar ese tipo de decisiones, no se podía esperar mucho de los ángeles tampoco.

Desde el mismo momento en que los ángeles fueron creados, la comunidad angelical estaba más cerca de la revolución que de la lealtad, eso lo podría haber previsto hasta un niño de cinco años. Entonces, ¿por qué no les dijo bien de entrada cómo eran las cosas?

O podría haber implementado algún método de aprendizaje, antes que todo pasara. Si pudieron aprender después, de seguro también hubieran podido antes. Entonces ¿por qué no les enseño antes? La autora tampoco explica esa parte.

Ahora, suponiendo que era imposible haber aprendido todo antes, entonces todo el mal que hay en el mundo, es por culpa de la anormal capacidad para aprender que tienen los ángeles.

Otra vez pareciera que Dios no mide las consecuencias de sus decisiones, tal vez hubiera sido preferible que sirvan por temor.

Podría haber probado, por ejemplo, instalado algún seminario o un convento, para estudiar o practicar ahí, hasta que el amor llegase a ser parte de la religión que profesan.

Podría haber hecho como hizo Iván Pavlov con sus perros, condicionar sus reflejos para que hagan lo que corresponde, aun sin proponérselo. Así la voluntad no hubiera interferido distorsionando el objetivo correcto.

También pudo haberles enseñado a no tener miedo, como se hace con los soldados, es decir, educarlos en una especie de cuartel con instrucción militar. Los soldados no necesitan amar a la patria para luchar. Con entrenamiento, fuerza y coraje ya pueden hacerlo.

Aun así, nada de eso impide que puedan comprender lo que significa el amor y la justicia. Si lo hubieran hecho así, hasta podrían haber llegado a ser capaces de venir a evangelizar. Aunque con esos, nunca se sabe. Como dice una canción: -la mediocridad, para algunos es normal-.

Claro, ninguno de esos métodos mencionados le pareció oportuno a Dios, o mejor dicho, a la autora, seguramente por creer que Dios no fuerza la voluntad, como solía decir siempre. O sea que la idea del cuartel ni se le ocurrió.

El primer párrafo dio a entender que los indolentes pagarán la culpa de los pecadores. Después dijo que los pecadores y sus víctimas, eran el resultado de la bendición que recibirán los redimidos.

Ahora vemos el ser humano sufre el pecado y todas sus consecuencias por culpa de la ineptitud de los ángeles. Siempre lo mismo, el error es de algunos y las consecuencias las sufren los otros.

Lo bueno es que Dios, al parecer fue aprendiendo de esos errores, la manera en que Dios separará a los fieles del mundo será distinta a la del cielo.

Cuando Dios nos dio sus leyes a través de Moisés, obligó a las personas a cumplirlas bajo pena de muerte. Eso es peor que el cuartel, aunque seguramente necesario, porque claro, para entonces Dios ya estaba seguro que era la única manera.

Dejó de importarles si le servían por temor o qué. Y lo bien que hizo, en el cielo sí le importó y así nos va.

Antes, en el cielo, era válido no haber sabido identificar al engañador. Pero ahora, ya no más, no sea que por darnos una lección de amor a los seres humanos, tengan que sufrir seres de otras galaxias.

Tampoco habrá lección de amor justicia, ni tolerancia a los temerosos e ignorantes. Ahora hay que tener fe.

Ahora, amar es mandamiento, no podemos correr más riesgos. Seguramente es por eso que la biblia repite tantas veces: “no temas”, ya vimos que el temor solo sirve para complicar las cosas.

En el primer párrafo, la autora amenazaba a los indolentes para que salgan a evangelizar. Por increíble que parezca, eso logra motivar a muchos perezosos, pero no a esos ángeles, que en vez de venir a ayudar, siguen con el corazón de hormigón, dejando que miles vayan al infierno y otros sufran por falta de evangelización.

Eso pasa porque están mal acostumbrados, los que pagan la culpa siempre son otros.

Sin embargo, tal vez haya algo que decir a favor de esos ángeles, tal vez aún no han aprendido a amar, o pudiera ser que la realidad del mundo sea demasiado compleja para ellos y por eso no saben manejarla. De venir a evangelizar, terminarían como “Juan Represión”, víctimas totales de situaciones cotidianas.

Tal vez sea por eso que prefieren ser invisibles, para esconderse. Quizás porque le temen al ser humano, prefieren comportarse como si fueran superhéroes, como Superman, cada vez que tienen que aparecer, lo hacen disfrazados.

Pero su disfraz resultó ser ineficaz, no se esperaban que la humanidad se diera cuenta, o mejor dicho, que Elena de White contara todo, por fin.

Al final, Dios tampoco aprendió de sus errores como se creía hasta hace un rato. Envía a los indolentes a evangelizar, debe ser por eso que no están logrando impedir que el mundo vaya al colapso.

Pero Dios no tiene la culpa, con tantos miles de ángeles así a su alrededor influenciándole, es natural que alguna que otra mala decisión termine tomando.

Es posible incluso que, de seguir examinando más profundamente toda esta situación, venga a descubrirse que Satanás es totalmente inocente, o peor aún, puede que haya sido creado con la única finalidad de tener a alguien a quien culpar de todas las fallas surgidas durante la creación.



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