Los párrafos presentados a continuación fueron extraídos del libro: El conflicto de los siglos, escrito por Elena G. de White, profeta y pionera de la iglesia adventista del séptimo día.
La autora explica cuáles fueron los errores cometidos por el pueblo de Israel y cómo las maldades que cometían causaron su destrucción.
Pero las conclusiones que saca de esos acontecimientos, son oportunistas o parciales, porque solo están vigentes en cada situación mencionada.
Decreto del Altísimo
“Los padecimientos de los judíos son muchas veces representados como castigo que cayó sobre ellos por decreto del Altísimo. Así es como el gran engañador procura ocultar su propia obra. Por la tenacidad con que rechazaron el amor y la misericordia de Dios, los judíos le hicieron retirar su protección, y Satanás pudo regirlos como quiso. (El conflicto de los siglos, pág.39)
La autora defiende a Dios de una acusación diciendo que los judíos “le hicieron retirar su protección”, pero Dios no necesita justificar sus acciones, o que alguien lo haga, mucho menos transferir la culpa para quedar como inocente.
Pudiera ser que esa fuera la real intención de Satanás, lograr que la gente juzgue a Dios con la intención de defenderle, porque el ser humano no tiene la capacidad de hacer ese juicio.
Satanás tampoco necesitó que los judíos quedaran sin la protección para poder regirlos como quiso. Pervirtió a los judíos, aun con esa protección que a lo sumo le dio un poco más de trabajo.
Si hasta es posible que haya destruido solo para dejar en evidencia lo inútil de esa protección. Si no lo hubiera hecho, la gente creería erróneamente que no logró retirarla.
También pudo regir como quiso a los romanos, pero los usó para lograr que lleven a cabo la tarea destructiva.
Liberaba del mal
“Pero cuando el hombre traspasa los límites de la paciencia divina, ya no cuenta con aquella protección que le libraba del mal. Dios no asume nunca para con el pecador la actitud de un verdugo que ejecuta la sentencia contra la transgresión; sino que abandona a su propia suerte a los que rechazan su misericordia, para que recojan los frutos de lo que sembraron sus propias manos”. (pág. 40)
Cuando dice “mal”, claro está que se refiere a la destrucción, no al accionar normal de Satanás, de eso no estaban protegidos. O tal vez sí, pero Satanás logró igual su cometido.
Por otra parte, la única razón que tiene la autora para decir que estaban protegidos contra la destrucción, es porque habla con el caso resuelto.
Eso es porque, aunque la autora diga lo contrario, la destrucción no es un “mal” que está esperándoles a los que rechazan a Dios. De ser así, ya habría sido destruida prácticamente toda la humanidad.
El poder restrictivo de Dios
“No podemos saber cuánto debemos a Cristo por la paz y la protección de que disfrutamos. Es el poder restrictivo de Dios lo que impide que el hombre caiga completamente bajo el dominio de Satanás. Los desobedientes e ingratos deberían hallar un poderoso motivo de agradecimiento a Dios en el hecho de que su misericordia y clemencia hayan coartado el poder maléfico del diablo”. (pág. 39-40)
Esta situación que presenta ahora es la misma que antes. Aunque acá no hay destrucción, está claro que esos desagradecidos y desobedientes son también resultado del accionar de Satanás, del cual según dice el mismo párrafo, están protegidos.
Entonces, deberían agradecer a Dios por la protección contra Satanás, pero no lo hacen porque Satanás les ha convertido en desagradecidos.
¿Qué es esto, circularidad lógica o un juego de palabras? ¿En dónde está la falla y cómo se sale de ese círculo?
Según el mismo párrafo, se sale teniendo un motivo para agradecer a Dios. Pues seguirán dando vueltas, porque esto ya parece un chiste.
No se puede a agradecer a Dios si no se cree en Él. Pero la autora no señala su incredulidad sino su actitud, como si esa actitud o esa incredulidad no fueran también “obra” de Satanás.
La idea era no creerse tan seguros, pero con este método lo único que van a lograr es hacer lo mismo que todos los que practican una doctrina religiosa, obedecer y agradecer a Dios por todo lo que tienen.
Tal vez por eso acá no hubo destrucción, se nota que Satanás por fin se dio cuenta que con eso ya le alcanza.
Inevitable es el castigo
“Nunca se dio un testimonio más decisivo de cuánto aborrece Dios el pecado y de cuán inevitable es el castigo que sobre sí atraen los culpables”. (El conflicto de los siglos, pág. 40)
Castigo a los culpables, muy oportuno. Hasta hace unos párrafos atrás, Dios no tenía nada que ver con la destrucción, sin embargo al momento de atribuirse un acto de justicia, se presenta otra vez. Además, todos esos hechos dan testimonio de su accionar.
Antes no hacía de verdugo, solo abandonaba. Pero ahora resulta ser que el castigo que realizó Satanás era inevitable, eso explica por qué no hacía de verdugo.
Malos impulsos
“Dios les retiró entonces su protección y dio rienda suelta a Satanás y a sus ángeles, y la nación cayó bajo el dominio del caudillo que ella misma se había elegido. Sus hijos menospreciaron la gracia de Cristo, que los habría capacitado para subyugar sus malos impulsos, y estos los vencieron. Satanás despertó las más fieras y degradadas pasiones de sus almas”. (El conflicto de los siglos, Pág. 31)
Es decir no pasó nada, al menos nada nuevo ni más grave. Los mismos, o incluso peores pecados fueron cometidos antes de esa retirada de protección. Tan graves fueron esas faltas, que hasta Dios se dio por vencido por considerar que ya no tenían salvación.
Es llamativo que haya dicho que Cristo los había capacitado para “subyugar los malos impulsos”, porque no parece, más bien parece otro chiste de la autora.
Esto es igual a la protección que no le funcionó a Israel, que tampoco funcionó con los desagradecidos, ahora tampoco funcionó la capacitación. Excelente, esto va mejorando párrafo a párrafo.
La pregunta que surge es, ya que les había capacitado para “subyugar” los impulsos ¿por qué no les capacitó también para no “menospreciar” la capacidad de subyugarlos?
“menospreciaron la gracia de Cristo, que los habría capacitado para subyugar sus malos impulsos”
Tal vez eran otros malos impulsos que le llevaron a no utilizar la capacidad de subyugar esos impulsos.
Podría haber aprovechado para enseñarnos a nosotros a subyugarlos, ya que estaba, a ver si al menos aprendíamos algo de todo esto. ¿Y cómo hace la gente que no tiene a Cristo para subyugarlos? Porque no todos dejan que se les despierten las fieras.
Recién cuando quedaron desprotegidos actuaron por impulso, dice la autora. De ser así, que pruebe que “menospreciar la gracia”, no era resultado de malos impulsos también.
“Satanás despertó las más fieras y degradadas pasiones”
“Los amigos y parientes se hacían traición unos a otros” (pág. 31)
¿En serio? Lo dice como si eso fuera peor que lo anterior.
Se despertaron las fieras, dice. Pero cuando estaban rechazando a Cristo y agotando la paciencia de Dios, ¿qué se le despertaron, los lobos y los monos?
-Se traicionaba uno a otros-, como si fuera uno a caerse de espaldas. No hace falta que Dios le retire la protección a ninguna nación para que pase eso. Pasa todos los días, de seguro también dentro de la iglesia de la autora.
“En su crueldad se volvieron satánicos” (pág. 31)
Por increíble que parezca, la autora no los llamó “satánicos”, cuando estaban rechazando a Cristo y hartando la paciencia de Dios. Igual que antes, tampoco llamó “mal”, al exitoso trabajo satánico disolvente de protecciones.
Lo mismo pasa en la actualidad, los “satánicos” también suelen andar de traje y corbata haciéndose llamar sacerdotes. Para eso no hace falta ninguna retirada de protección.
“no tenían poder para gobernarse a sí mismos: las pasiones más desordenadas los convertían en tiranos”. (pág. 32)
Lo único que hace ese párrafo es decir que había tiranos, como si fuera que no hay en todos lados. Pero no todos los que no tienen a Cristo son tiranos ni tienen pasiones desordenadas. Al menos debería haber explicado por qué saca ese tipo de conclusiones.
Además, todo eso ya pasaba antes de la quita de la protección, siguió pasando después y, le guste o no a la autora, también pasa ahora, sean o no judíos.
¿Por qué los judíos de la actualidad no son así? tal vez a Dios se le calmó la ira y reinstaló la protección.
“la nación cayó bajo el dominio del caudillo que ella misma se había elegido”
¿Y bajo el dominio de quién estaban cuando hicieron esa elección?
Tal vez bajo la influencia de ese caudillo. Entonces: el caudillo usó su influencia para que eligieran al mismo caudillo, bajo el dominio del cual caerían.
Otra circularidad.
Procuraron aterrorizar
Refiriéndose a los judíos durante la destrucción relata lo siguiente:
“Los jefes romanos procuraron aterrorizar a los judíos para que se rindiesen. A los que eran apresados resistiendo, los azotaban, los atormentaban y los crucificaban frente a los muros de la ciudad”. (pág. 36)
Refiriéndose a los cristianos siendo perseguidos, relata lo siguiente:
“Muchos eran arrojados a las fieras o quemados vivos en los anfiteatros. Algunos eran crucificados; a otros los cubrían con pieles de animales salvajes y los echaban a la arena para ser despedazados por los perros”. (pág. 44)
A las dos partes les estaba pasando lo mismo, pero la autora dice que los judíos estaban siendo castigados por ser culpables y que los cristianos eran víctimas inocentes. Eso más que oportunista es un clásico, los malos siempre son los otros.
Las señales prometidas
“Ni un solo cristiano pereció en la destrucción de Jerusalén. Cristo había prevenido a sus discípulos, y todos los que creyeron sus palabras esperaron atentamente las señales prometidas”. (pág. 33)
Puede que no hayan muerto en Jerusalén, pero muchos de ellos murieron afuera, también en manos de los romanos, en los anfiteatros, dijo. ¿Cuál es la diferencia?
Ningún cristiano murió y aun así Satanás procedió con su tarea. ¿En que estaba pensando? Al parecer, Satanás estaba tan enceguecido por destruir, que no pensó bien lo que hacía y actuó por emoción violenta, matando así a los que ya estaban de su lado.
¿Y qué pasó con los niños o adolescentes judíos que murieron en la destrucción? La única opción que tenían si querían salvarse, era huir con los cristianos abandonando y desobedeciendo a sus padres.
Eso estaba prohibido por la doctrina judía, y como era de esperarse, por la doctrina adventista.
¿Qué habría hecho un joven adventista en esa misma situación? También tendría que haberse ido, desobedeciendo las normativas de su doctrina. Eso es mucho pedirle a un adventista, de seguro también a un judío.
La luz adicional
En el siguiente párrafo, la autora admite la participación de Dios en la destrucción de Jerusalén, dice que fue resultado de sus juicios.
“Dios aplazó sus juicios sobre la ciudad y la nación hasta cosa de cuarenta años después que Cristo hubo anunciado el castigo de Jerusalén. Admirable fue la paciencia que tuvo Dios con los que rechazaran su Evangelio y asesinaran a su Hijo”. (pág. 30)
“Aplazó sus juicios”. Solo que lo haya visto en una visión, pero ni siquiera explica para qué lo hizo. Además, antes dijo que no hubo juicio, pero ahora hasta lo maneja y lo aplaza.
La autora llama admirable paciencia a cuarenta años. ¿Por qué, porque eran judíos? ¿Qué esperaba con esa paciencia, arrepentimiento?
Estaban en una situación igual que ahora, se acepta a Cristo por fe, no gracias a ninguna paciencia divina. Tal vez creía que para ellos era más fácil porque le vieron y escucharon personalmente.
De ser así, esa paciencia tenía una falla. Cuanto más paciencia, más tiempo pasaba y más gente había que no le conoció personalmente por haber nacido después. Además, los otros se iban muriendo, convirtiendo así a esa paciencia en despropósito.
Es decir que esa paciencia no era admirable como dijo, sino limitada. Debería haber dicho, oportuna paciencia.
La autora seguramente se dio cuenta de eso, y arregló esa falla de la que no retrocedía ni para tomar carrera, diciendo otro disparate superador.
“rechazaron la luz adicional que a ellos mismos les fuera concedida”
Entonces, era verdad que no había ninguna ventaja en haberle conocido a Cristo personalmente, ni en la paciencia. La ventaja era esa luz adicional.
El siguiente es el párrafo donde relata toda esa situación:
“Por medio de la predicación de los apóstoles y de sus compañeros, Dios iba a hacer brillar la luz sobre ellos para que pudiesen ver cómo se habían cumplido las profecías, no únicamente las que se referían al nacimiento y vida del Salvador sino también las que anunciaban su muerte y su gloriosa resurrección. Los hijos no fueron condenados por los pecados de sus padres; pero cuando, conociendo ya plenamente la luz que fuera dada a sus padres, rechazaron la luz adicional que a ellos mismos les fuera concedida, entonces se hicieron cómplices de las culpas de los padres y colmaron la medida de su iniquidad”. (pág. 31)
Hay algo que no quedó claro, dice “para que pudiesen ver”, luego dice: “rechazaron la luz adicional”. Entonces ¿Vieron y rechazaron, o rechazaron y por eso no vieron?
Ese detalle es importante, porque si no vieron, entonces por más adicional que haya sido esa luz, no sirvió para nada.
Esto es igual que todo lo anterior, pareciera que los recursos que tiene Dios para lograr sus propósitos no funcionan. Ahora también tiene una luz que no ve nadie.
Entonces deber ser que sí la vieron, pero igual rechazaron a Cristo. Debe haber sido por terquedad, ¿por qué otra cosa? No fue por falta de fe, porque no la necesitaban. Si hubieran tenido fe, no habrían necesitado la luz adicional para poder ver.
Debe ser por eso que la autora le llamó “luz adicional”, porque normalmente no es posible recibir luz sin tener fe.
Incluso pudieron ver el cumplimiento de las profecías. Lo hicieron a través de una oportuna “luz adicional”, que ya está empezando a parecer otro de los chistes de la autora.
Más que luz, deben haber sido visiones, porque pudieron ver esas profecías que ya estaban cumplidas: el nacimiento, vida, muerte y la gloriosa resurrección de Jesús, todos hechos pasados.
Si al menos esa luz adicional hubiera tenido éxito, no sería una idea tan absurda. Se suponía que este párrafo estaba arreglando lo de antes, pero esto es aún peor.
Entonces, los judíos no necesitaban creer, ni siquiera hacía falta poner en práctica las enseñanzas de Cristo como se hace ahora, bastaba con recibir las “visiones” que daban los apóstoles. O peor, no bastaba.
“entonces se hicieron cómplices de las culpas de los padres”
Qué lindo hubiera sido: “la luz adicional”, para título de uno de los libros de la autora, o al menos de un capítulo.
Es llamativo que haya dicho que no fueron condenados por los pecados de los padres, pero sí por ser cómplices. No se puede ser cómplice si el otro no participa, doña.
Pero al menos ahora se entiende que quiso decir con “admirable paciencia”. Claro, estaban por ser destruidos y entonces había que hallarles culpables, para que no sea todo tan injusto.
Como si fuera que en la actualidad nadie muere joven. O peor, como si en la actualidad, no hubiera ese tipo de culpables.
No queda claro por qué la autora insiste en defenderle mal a Dios. Debería haber tenido en cuenta que, defender a alguien haciendo una mala defensa, es más efectivo que atacarle directamente.
Sin embargo, aún queda algo a favor de la autora, es probable que la total ineficacia de esa “luz adicional”, haya sido la razón por la cual Dios desistió de ese método. Después de esa época, ya nadie más la recibió.
De haber seguido utilizándola, la habrían seguido rechazando y Dios los habría tenido que abandonar por haberse hecho: “cómplices de las culpas de los padres”, finalizando así con la población mundial.
Las señales prometidas
“Cristo había prevenido a sus discípulos, y todos los que creyeron sus palabras esperaron atentamente las señales prometidas”. (pág. 33)
Sin embargo, algunos de los que no creían en Cristo también se escaparon. Se nota que es posible creer en las señales prometidas aun sin creer en Cristo.
Algunos judíos también se escaparon y sobrevivieron sin obedecerle ni agradecerle y sin la protección. Se nota que el castigo no era tan “inevitable” como dijo antes.
Otros, fieles seguidores de Cristo, creyeron, esperaron sus señales y se escaparon: murieron afuera. Se nota que estar protegidos y creer en las señales prometidas, no necesariamente salva de la destrucción.
Pero eso sí, los que murieron adentro, todos eran culpables. Para eso estaba la luz adicional, para que nadie se queje. Se nota que al Dios de la autora le gustaba hacer bien las cosas.
Triunfaban por su derrota
“Vanos eran los esfuerzos de Satanás para destruir la iglesia de Cristo por medio de la violencia. La gran lucha en que los discípulos de Jesús entregaban la vida, no cesaba cuando estos fieles portaestandartes caían en su puesto. Triunfaban por su derrota. Los siervos de Dios eran sacrificados, pero su obra seguía siempre adelante”. (pág. 45)
Entonces no murieron afuera como se creía, fueron “sacrificados”.
Si “triunfar por la derrota” fuera prueba de que ese pueblo era el verdadero, entonces también sería prueba para los judíos. Sin embargo la autora no dijo nunca algo como: -vanos fueron los esfuerzos de Satanás para destruir al pueblo judío-.
La prueba de nuestra inocencia
“Dijo un cristiano, reconviniendo a los jefes paganos que atizaban la persecución: "Atormentadnos, condenadnos, desmenuzadnos, que vuestra maldad es la prueba de nuestra inocencia. . . De nada os vale. . . vuestra crueldad." (pág. 45)
“vuestra maldad es la prueba de nuestra inocencia” Eso lo podría haber dicho un judío. Pero no para la autora, no es una razón válida para ellos.
Debería haber dicho: -dijo uno que se creía cristiano-. Porque la maldad de los romanos no prueba nada más que eso, que eran malvados.
O debería haber dicho: dijo un adventista, porque así es como se hallan inocentes y salvos, por comparación. Buscan y encuentran a los malvados, los incrédulos, los desobedientes e ingratos, los judíos, y por descarte se creen salvos.
El último ofrecimiento
“La longanimidad de Dios hacia Jerusalén no hizo sino confirmar a los judíos en su terca impenitencia. Por el odio y la crueldad que manifestaron hacia los discípulos de Jesús rechazaron el último ofrecimiento de misericordia.” (pág. 31)
Confirmado, era terquedad. Terca impenitencia seguramente es lo que tienen los cristianos falsos de ahora. ¿Y qué pasó con la longanimidad de Dios, se fue incrementando con el tiempo? No, porque habíamos visto que el abandono es un método que ya no se usa.
Los judíos sobrevivieron sin Dios de su lado, sin Cristo y con Satanás en su contra. ¿Qué debería hacer un cristiano si quisiera hablarle a un judío de Cristo? ¿Le dirá: -sin Cristo nada podéis hacer-?
Esa debe ser la “gran esperanza” adventista, el convencimiento de que son el pueblo verdadero por descarte, por considerar que todos los demás ya no la tienen.
Corromper la fe
“Bajo el manto de un cristianismo falso, Satanás se introducía en la iglesia para corromper la fe de los creyentes y apartarlos de la Palabra de verdad”. (pág. 47)
Antes parecía que Satanás destruía a los malvados y dejaba ir a los buenos. Pero aparentemente no fue así, porque destruyó solamente a algunos malvados pero dejó ir a los peores.
Satanás actuó con más astucia que Dios, quien en ese entonces le dio rienda suelta para que los destruyera, cuando en realidad lo que hizo Satanás fue idear e implementar nuevos planes que dieron como resultado un pueblo mucho peor que los judíos. ¿No será que era ese su propósito original?
O mejor aún, podría no haber sido ese su plan original, pero supo aprovechar tan bien la situación que triunfó de nuevo.
Destruir a los judíos, aparentemente no fue tan mala idea, dejó algunos vivos para que ahora sí, nunca más tengan esperanzas de encontrar a Cristo.
Dejar ir libres a los cristianos corruptos o futuros corruptos para que formaran después una iglesia también corrupta, tampoco fue mala idea, porque funcionarían para sus nuevos planes.
Artificios
“se esforzó entonces por obtener con artificios lo que no consiguiera por la violencia. Cesó la persecución y la reemplazaron las peligrosas seducciones de la prosperidad temporal y del honor mundano”. (Pág. 46)
“Satanás se alegró mucho de haber logrado engañar a tan crecido número de discípulos de Cristo” (pág. 49)
Entonces ni siquiera fue estrategia, fue aprendiendo sobre la marcha. O tal vez se avivó cuando aquel dijo: “de nada os vale vuestra crueldad”.
Debe ser por eso que ya no usa más aquel poder destructivo, por ser hoy un proceder obsoleto.
La pregunta es, ¿qué hacemos ahora con todas esas conclusiones que sacó la autora acerca del comportamiento Satánico? No solamente ya no están vigentes, sino que de seguro Satanás habrá aprendido muchas otras cosas nuevas.
El párrafo dice: “cesó la persecución” ¿otra de sus visiones? Puede que haya cambiado de forma y de lugar, pero nunca cesó la persecución.
Es posible incluso que a esta altura, Dios ya le haya sacado la protección a los falsos cristianos, pero Satanás, por ser muy astuto y no tan predecible como parecía, no actúa destruyendo sino engañando.
Es más, es posible que Dios nunca haya retirado la protección. Hasta es posible que esa protección ni siquiera haya existido.
O tal vez Dios aprendió a no perder más la paciencia, para no cometer otra vez el mismo error. Claro, darle rienda suelta a Satanás, resultó ser realmente mala idea.
Aunque en realidad, eso también da lo mismo, Satanás actúa bastante bien cuando está restringido.
El pueblo de Dios será liberado
“La gran puerta del oriente, que por su enorme peso era difícil de cerrar entre veinte hombres y que estaba asegurada con formidables barras de hierro afirmadas en el duro pavimento de piedras de gran tamaño, se abrió a la media noche de una manera misteriosa”. (pág. 33)
“así como sucedió en tiempo de la destrucción de Jerusalén, el pueblo de Dios será librado” (pág. 41)
-Será perseguido-, hubiese sido algo bueno para decir. Así al menos tendría más base bíblica.
“será liberado”. Pero en la época de la destrucción no fueron liberados, tuvieron que irse, por mandato de Cristo.
Esa aclaración es necesaria porque, de ser verdad esa predicción, el pueblo tendrá que hacerlo así también. Pero no dice dónde está esa puerta y cómo es, se olvidó de explicar la parte más importante.
Tal vez se refería a la persecución predicha por la autora, tal vez serán liberados de eso.
“El poder que acompañe la última amonestación enfurecerá a los malvados; su ira se ensañará contra todos los que hayan recibido el mensaje, y Satanás despertará el espíritu de odio y persecución en un grado de intensidad aún mayor”. (El conflicto de los siglos, Pág. 672)
O puede que no estén enfurecidos ni llenos de odio o ira. Puede que lo hagan con la alegría que sentirán de por fin poder perseguir de esos a quienes desprecian. O por ver que por fin se hace justicia, castigando a los que ellos consideran culpables.
O por la alegría que sentirán de creerse inocentes por descarte, porque los culpables son otros. Total, nada de eso está en la biblia.
Entonces, primero predice una persecución, después dice que el pueblo será liberado. Pero no queda claro ¿habrá o no persecución?
Tal vez “liberado”, no se refería a la persecución, sino que estaba hablando de la parte espiritual.
Es decir, la puerta puede ser solo una metáfora que significa: liberarse del mundo para entrar al reino de Dios. De ser así, esa predicción tiene una falla:
“el pueblo de Dios será librado”
No es posible pertenecer a “el pueblo” y al mismo tiempo no haberse liberado aún. De manera que, si ocurrirá como en la época de Jerusalén, deberán liberarse primero.
Entonces, al final no sabemos de qué serán liberados, o si habrá o no una puerta, o dónde está y cómo es, para poder irse obedeciendo el mandato de Cristo.
Tal vez porque el pueblo de Dios, ya ha sido liberado.
“Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (S. Juan 8: 31, 32)
No hay comentarios:
Publicar un comentario